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jueves, 1 de agosto de 2019

Notas de viaje



Los viajes inspiran, qué duda cabe, uno va por ahí absorbiendo nuevas sensaciones y a veces encuentra un pequeño remanso pa dedicarle unas pequeñas líneas a lo que experimenta. Está bien porque de algún modo constancia de lo que se vive y de cómo se siente, más allá de lo meramente descriptivo. Por eso, recién aterrizado de un viaje, compilo los pequeños retazos  que han ido surgiendo sobre la marcha para darle una forma que no tienen pero, aún así, dejarlos todos bien juntitos a esperas de ver si hago a posteriori un cuaderno de viaje al uso narrando algunas de las experiencias vividas

Hace dos años justamente hablaba de no querer darle la razón, por una vez, a la frase de Sabina en Peces de Ciudad: "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver" cuando a la vuelta de nuestro viaje por Portugal parábamos, 8 años después, en Lagoa de St André. Hoy, en cierto modo, se repite la historia. En esta ocasión no han pasado ocho, solo uno, desde que estableciéramos nuestro campamento base en un camping mágico cerca de Hervás para conocer una región no menos mágica. En esta ocasión cambia el destino y eso de llevar campamento base, la casa va a cuestas, pero la logística nos invitaba a parar, y con la parada el recuerdo intenso de lo poco que a estas alturas supone un año, convertido en decisión correcta al ver las caras iluminadas de los niños ante la sorpresa...durará poco la parada; la aventura continúa, pero qué poca razón parecía llevar Don Joaquín, aunque yo creyese siempre que la tenía.

                                                                                                                             23-07-2019


Ribadeo es frontera hermosa en forma de ría para darle a Galicia su lugar. Frontera, como todas inventadas, pero en este caso muy lógica y natural Nos esperan, poco después, catedrales en forma de playa, para la cual decidió nuestra especie hacerlo bien, a pesar de los engorros y pedir permiso y así hacer que las aglomeraciones tan propias de los nuestros sean algo menos aglomeraciones. Se ve una cola en el fondo y alguien me dice que es no es nada. Es raro, muy raro, tener que que pedir permiso para entrar en una playa y encima hacer cola, pero no seré yo el que diga que no sea necesario. Mas raro es si cabe que me hagan pagar y pague por cagar antes de entrar. Pero bendito baño. Recuerdo lo que nos chocó hace una treintena de años la misma idea en la capital francesa y cómo decidimos por entonces desecharla, pero hoy me vale para entrar con menos peso a las catedrales en forma de playa y de paso inspirarme para escribir estas líneas. Podría sentirme mal por tener al resto de la familia esperando por mí, pero más rato pasé ayer rellenando los informes para los permisos y estos están en mi correo

No entrarán sin mí....

...o al menos eso me decía en ese momento que escribía en el WC porque al final entraron. Se ve que se colaron, aun ellos sin saberlo. Me di cuenta cuando la chica de la escalera me pidió la credencial. Yo, que iba solo y descargado, y ellos que eran tres. Cuando me preguntó si solo le respondí que entendía que los otros tres se habían colado. Ella hizo mutis por el foro, gotita de sudor, sonrisa galega y a seguir.

Más abajo estaba la familia, con su primogénito encaramado, como le gusta en lo alto de algún pedrusco pizarroso o esquístico que pal caso viene a ser lo mismo, espero no encontrarme a geólogos exquisitos para recordarme que en realidad son gneis. El caso es que le hice saber a su madre que igual no debería subir y mientras empezábamos a discutir sobre si sí o si no, un señor, muy guarda él, nos pitó con el pito, como no podía ser de otra manera. 

Se ve que en la playa de las Catedrales no puedes hacer nada sin pedir permiso, ni sin toparte con una marabunta de personas que vienen a demostrar que lo de la restricción está muy bien, pero igual le tienen que poner otro nombre. Mientras mascullo en mi soliloquio interno sobre el asco que da nuestra especie acudiendo como moscas a la miel, la majestuosidad del paisaje va acallando mis voces y en esas tesituras, como de costumbre, me voy moviendo, al tiempo que nos alejamos y la dificultad de alguna nueva cueva me aleja por fin de la muchedumbre y entonces, definitivamente y sin paliativos, lo gozo. Qué mágico lugar. 

Ahora que estamos en tierras gallegas, al borde pero gallegas, por insistencia de los amigos y familiares que fueron antes a las Catedrales y nos presionan hasta la extorsión para no dejar de hacerlo, nos enfrentamos a la posibilidad de cambiar el rumbo del viaje y es que, deshacer lo ya andado en ruta furgonetara se me antoja, al menos a mi parecer, algo como que pá qué... así que, de un plumazo, borramos Gijón y Picos de las anotaciones imaginarias,no sin cierto pesar, y anotamos Santiago, el cual se acerca a estas horas a menos de 20kms y un futurible norte portugués que queda demasiado lejos y borrable a estas horas...veremos qué pasa

                                                                                                                                                 26-07-2019

Uno se pregunta si es viajero o turista y si acaso eso tiene sentido o importa. Algo se busca, algo se encuentra y algo se lee. Más o menos lo que la intuición nos hacía pensar que podían ser la diferencias por ahí se hallan. Y, honestamente, puede que tengamos aún mucho más de turistas que de viajeros, pero más de viajeros que ayer. En cualquier caso, es fácil descubrirnos un poco de cada parte. Somos turistas cuando ávidos buscamos información para llegar y devorar lugares. Puntos de interés. Quizás también seamos turistas cuando tenemos más necesidad de la cuenta de fotografiar los momentos o una atracción fatal por degustar platos ricos en buenos bares(bonitos y baratos). Pero tal vez seamos más viajeros cuando giramos el rumbo y nos levantamos sin nada decidido. Cuando renunciamos a un lugar "imposible de no visitar" por ahorrarnos aglomeraciones o cuando nos alejamos un poco de todo a oír el mar. Como este mar que ahora oigo que se ha cruzado en mi camino sin haberlo planeado y del cual aún desconozco el nombre y no tengo ningún interés en hacerlo. Lo oigo, me dejo calentar por el sol que lo calienta y me siento en las rocas que él, cuando está de malas, erosiona. Ahora me tumbo, me siguen llegando sonidos y olores. Aún siento que me encuentro a años luz de ser capaz de describir las sensaciones de los sonidos y los olores, tal vez el día que sienta que pueda hacerlo sea un buen escritor, mientras tanto lo único que acierto a decir es que no suena como nuestros mares del sur. Si de repente alguien, estando allí, me colocase aquí, creo que podría ser capaz de adivinar que estoy en mares de Galicia. Y qué sé yo de los mares de Galicia? Solo que tienen olores y sonidos diferente que no sé describir pero me embriagan y calman a partes iguales...
Seguiremos caminando

                                                                                                                                                    27-07-2019

Y decididos sacamos pecho orgullosos de nuestra tierra, al tiempo que en un alarde de honestidad admito la insuficiencia en su ciudad. Convencido argumento que el entorno es un paraíso; y lo es, pa qué engañarnos. Pero me pregunto si acaso no lo es Somiedo, Ubiñas, la Ría de Muros o la de Arousa... cuántos paraíso escondidos por el planeta que en un alarde de ignorante osadía obviamos como si no existieran. Ayer, otro patriótico de la tierra, viajado y osado ignorante como yo, me confesaba que después de todo lo vivido no ponía por delante ningún rincón del mundo que no fuera de esquina a esquina que abarca su ría de Muros y Noia, y yo lo entendía, porque así lo quiero entender, cuando me embriaga Bolonia de sol a sol con su luna incluida y vuelvo a casa exhausto y borracho de felicidad; o cuando un nuevo sendero se descubre pa ser explorado por algún recóndito nuevo rincón de mis Alcornocales...y puede que no lo cambie, pero cómo anteponer la belleza de nuestros paisajes a los de Pola de Somiedo, o a los del Parque Natural de Luna y Babia al norte de León. Viajar es toparnos de bruces con nuestra ignorancia para relativizar nuestro egocentrismo en forma de tierras prometidas y aspirar la belleza desbordante que regala cada rincón de este planeta inigualable que se empeña en recordarnos, grabarnos a fuego, que no tendremos nunca mejor cometido que luchar por no mandarlo a tomar por culo 
                                                                                                                                                    28-07-2019


Salimos de Portugal por los pueblos que nos desembocan en Badajoz, y los áridos campos, las ancianas en las puertas, los hombres en el bar,letrinas en vez de vaters, nos recuerdan el pasado de una infancia que hoy se ve ya tan lejos. Esa que retrató Serrat con su Pueblo Blanco, y me pregunto si a Serrat, el día que muera le harán el favor de enterrarlo en la ladera de un monte más alto que el horizonte entre la playa y el cielo. Y pienso cuánto dolería al pueblo la muerte de Serrat y si igual esta nos llevase a tiempos remotos en los que se miraba al futuro con sed de libertad e ilusión, dejando tiempos oscuros atrás. Se va mi mente a Serrat como si hablara de otra cosa que no fuera lo mismo que recordar la España que retrató, la España que fue que hoy se pinta de otra cosa, como el mundo en general, se pinta con menos matices. El precio de la globalización, tsunami que arrasa toda la diversidad histórica y cultural de los pueblos que se despoblan del Mediterráneo a Galicia, de Cádiz a Aragón y de las tribus que se extinguen o se prostituyen al auge del afán de la caza fotográfica. El precio de lo inevitable y nos ponemos bucólicos... pero no seré yo el que quiera "vivir colgado de un barranco y preguntarme por qué nace la gente si vivir o morir es indiferente"
                                                                                                                                                    30-07-2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Cuadernos de Lanzarote


En algún momento de mi primer año de la carrera un libro de José Saramago cayó en mis manos, concretamente, La Caverna. En él una literatura absolutamente diferente a todo lo visto anteriormente por aquel joven lector de dieciocho años iba causando una extraña adicción que invitaba al romanticismo, la añoranza, la nostalgia, pero sobre todo a la reflexión. Indagando por recónditos rincones del alma humana aquel joven yo se iba enamorando de un mundo algo triste, pero real, sereno y profundo. A La Caverna le siguieron Ensayo sobre la Ceguera, uno de esos libros que marca un antes y un después en la vida de todo aquel que la mire con crítica mirada y ansias de vida. El Hombre Duplicado, Levantado del Suelo, El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la Lucidez, Las intermitencias de la muerte...en los años venideros era pura pasión lo que sentía por el escritor luso. A cada nuevo libro que sacaba allí estaba yo devorándolo, nunca antes sentí igual pasión por la escritura de alguien. Incluso en mis primeras tentativas de escritor la prosa me fluía indefectiblemente con aromas saramaguianos, salvando los años luz, claro está. 
Y a mi pasión por su prosa había de sumarse, no podía ser de otra manera, la admiración a su persona. Su compromiso, su lucidez, pero también su visión inundada por el pesimismo que brinda la realidad del que mira, precisamente, con lucidez. Pero Saramago era compromiso, y cuando por entonces emitían una serie documental titulada Voces Contra la Globalización en la que personalidades de la talla de Esquivel, Galeano, Samí Nair, Susan George o Saramago daban su agorero punto de vista sobre todo lo que debió acontecer después, allá que iba yo, inoculado por la necesidad de oír al sabio portugués. Y al sabio portugués, tuve la oportunidad de ver muy cerquita de mi casa de Granada, allá por el 2005. En aquella conferencia nos habló de la importancia de la escritura para aprender a pensar. El arte de construir con palabras, como el albañil lo hace con ladrillos, para crear los muros del pensamiento. Pasé entonces muy cerquita suya, y algo me empujaba a saludarlo, estrecharle la mano y profesarle mi incondicional admiración, pero la prudencia me hizo saber que aquello de poco valdría. 
El tiempo pasó, crecí, me hice mayor, empecé a trabajar de profe y allá por el 2009 volví a devorar sus últimas obras, ya que entonces lo tenía bastante abandonado, Caín y el Viaje del Elefante, y algunos meses después, en junio de 2010 pasó lo irremediable, a los 87 años nos abandonó un hombre induplicable, no era una sorpresa, pero algo se apagaba con él. Me emocionó saberlo y le puse una velita pequeñita pero firme en algún recóndito rincón de mi lucidez que me ayudase a que tardase mucho en apagarse del todo.

Los años pasaron, y llovió una década, y las vueltas de la vida me llevaron a la isla que lo vio morir, y antes que eso vivir sus últimos dieciocho años. No he venido a Lanzarote a visitar su casa, ni siquiera lo tenía como plan ineludible, pero supongo que aquella vela ha sabido tomar la decisión de acudir al que ha sido un momento sagrado para un ateo, en casa de un ateo. La Casa Museo de Saramago en Tías debe ser una visita obligada para todo amante del Nobel que visite la isla. En contraposición con los abarrotamientos que colapsan el legado del genial hijo predilecto de la isla, César Manrique, o el PN de Timanfaya, tres modestas familias visitábamos la casa con una perfecta explicación, fruto de las palabras de su esposa, Pilar del Río, que se le regalan al visitante audioguía mediante. Fascina ver la sobriedad de una casa, hermosa y llena de coleccionismos, propias de una persona de alta clase, pero con la humildad de quien no necesita grandes opulencias para vivir. Sobrecogedora la historia entre Manrique y Saramago que habiendo concertado una cita para verse y conversar recién llegado el escritor a Lanzarote, un accidente truncó la vida del artista haciendo que ésta no llegara nunca a producirse. Hermosos los cuadros, algunos regalos de Alberti, otros de anónimos, otros comprados. Estremecedor oír al tiempo que se ve la cama donde moría sereno, tranquilo, natural, acompañado. Cercano compartir con los otros visitantes un café portugués en su cocina, tradición que siempre siguió la casa, y sigue manteniendo a día de hoy. Asombrosa la biblioteca personal  de José y Pilar que alberga más de quince mil ejemplares y que tuvo que llevarse a otra casa aparte, colindante. Tierna la historia del olivo que Saramago trajo desde su tierra natal en Azinhaga en una pequeña maceta a sus pies en el avión y que hoy recibe, majestuoso, al visitante, símbolo de la Paz. Inspirador ver el sillón en su jardín tras la roca volcánica en la que se sentaba a otear el horizonte, la mar, y pensar. Romántico ver los pequeños detalles de aquella historia de amor tan hermosa que ambos vivieron.  
Y en el tiempo que ha durado la visita, mis dos hijos, junto a nosotros, respetando lo solemne del momento...
El legado se ha respetado con la lucidez, serenidad y naturalidad que caracterizaba al maestro...podría sentirse orgulloso.

lunes, 18 de febrero de 2013

Un viaje que cambiaría el mundo



El joven Darwin siempre fue amante de lo natural. Dicen de él que tenía ciertas costumbres como quedarse largas horas observando sencillamente la forma de enrollarse de una enredadera, aunque puede que me equivoque y ésta fuese una de las aficiones del viejo Darwin. El caso es que sir Charles, antes de ser Sir, estudió en Cambridge y poco después un inesperado giro en los acontecimientos debido a una estupenda relación con su profesor, Henslow; y a la aparición de otro joven, arrogante y capitán de un barco, iba a cambiar radicalmente su vida y con ello la vida tal y como era conocida hasta entonces.

El joven Darwin era creyente y su padre, hombre influyente y adinerado, tenía en mente para él una carrera en el seno de la iglesia,por eso cuando Darwin fue a pedirle permiso para embarcarse, ya a los 26 años, todo lo que encontró fue una tajante negativa de su progenitor. Afortunadamente para el naturalista, y el resto de la humanidad, su tío y fundador de una de las marcas más célebres de porcelana en Inglaterra(Wedgwood), era más influyente que el propio padre y accedió para convencer a éste de que le diera su bendición, nunca mejor dicho, para partir. Y así fue, el día 27 de diciembre de 1831, desde la bahía de Plymouth, zarpaba el Beagle comandado por el capitán FitzRoy y cuyo primer naturalista era un joven llamado Charles Robert Darwin.

El capitán del barco era un tipo joven y de rudo temperamento, tendente a las vacilaciones anímicas hasta el día que decidió cortarse el cuello con una navaja, pero eso, sería mucho después. Si el objetivo principal del Beagle era topografiar buena parte de la zona sur de Sudamérica, el capitán tenía otro objetivo personal y nada modesto en mente: reunir las evidencias suficientes para demostrar el origen del Génesis...paradójicamente, broma simiesca del destino, acabó ocurriendo más bien todo lo contrario. Pero dejemos a un lado de momento al capitán, al fin y al cabo no es el protagonista de esta entrada.


Nuestro protagonista lo pasó realmente mal desde el primer minuto que el barco zarpara. En alta mar el barco era un tormento para Darwin. Tenía que permanecer recluido casi todo el tiempo en su camarote. Por suerte, le acompañaban dos maravillosos volúmenes sobre Geología del gran geólogo de la época ( y de las épocas futuras) Charles Lyell. Al señor Lyell, y a que su libro formara parte de la pequeña colección que el naturalista llevara a bordo del Beagle, debemos buena parte también de la teoría de la evolución por selección natural.
En seguida la expedición llegó a Bahía en Brasil, Río de Janeiro, poco después a Montevideo y después a la Tierra de Fuego, donde la expedición tenía una curiosa, extravagante y errática misión. Éste era el segundo viaje del Beagle, en el primero habían “reclutado” a tres fueguinos(habitantes de la Tierra de Fuego) con el mesiánico propósito de (y otra vez abro comillas) “civilizarlos”. Así que, desde que fueron secuestrados hasta que el barco volvió al mismo punto habían pasado varios años y los fueguinos resultaban ser caricaturas de ellos mismos. Cuando fueron soltados con el cura del barco y algún que otro miembro de la tripulación, la estupenda idea de la expedición era conseguir que entre unos y otros consiguieran hacer del resto de los fueguinos seres educados y civilizados, además de, por supuesto, buenos cristianos practicantes. Pero cuando tras un año volvieron al lugar para ver qué había ocurrido, nada de lo que encontraron estaba 
relacionado con lo que sus buenas intenciones habían
 presupuesto y sí con lo que vuestra imaginación está presuponiendo.

Un viaje que durara 5 años, por lento que fueran los barcos de la época y larga que fuera la distancia recorrida, pasaba más tiempo atracado que navegando, tiempo durante el cual Darwin aprovechaba para hacer sus incursiones y recabar la información propia que debiera recabar un naturalista del siglo XIX. Siendo así, a cada pequeña expedición en Tierra de sir Charles, su mente se maravillaba al tiempo que se ampliaba haciendo que, poco a poco, la forma de la teoría de la evolución por selección natural fuese cogiendo forma. A menudo, se simplifica diciendo que la visualización de dicha teoría llegó en las Galápagos, cual Arquímedes con su Eureka y su bañera; y sin duda en gran parte esto debió de ser así, pero el proceso de cambio en su forma de pensamiento iba tomando lugar etapa tras etapa, a cada contacto con la amplísima diversidad que supone la vida, así como las curiosas formas que adquieren la mayoría de los organismos vivos para adaptarse a los distintos ambientes que les rodean. Día tras día, descubrimiento tras descubrimiento, el joven Darwin iba cultivando más dudas sobre sus pocas creencias y los, hasta entonces incuestionables, orígenes de la vida.
El tiempo pasaba y casi cuatro años después el Beagle llegaba a las Galápagos, permaneciendo por las islas poco más de un mes, pero fue tiempo de sobra para que la magia de la inspiración inundara a Darwin y la idea se esclareciera. La culpa fue principalmente de los pinzones, unos pájaros pequeñitos que por las islas deambulaban, aunque realmente fue a posteriori que se centrase en ellos. En su diario no existen abundantes menciones a los pinzones, sin embargo, 20 años después cuando publicase el Origen de las especies, sí haría continuas referencias a estos y sus picos como forma de adaptación. En cualquier caso, el tiempo que pasara en las Islas Galápagos fue suficiente para ver con la mayor nitidez posible que la idea de la inmutabilidad de las especies propuesta por la Biblia tenía que estar errada. Si se investigase un poco pronto todas las teorías en esta línea establecidas por el dogma cristiano, serían puestas en entredicho. Vislumbrar esto trajo consigo nuevas y más acaloradas discusiones con el capitán, que a diferencia de Darwin más se aferraba a la inflexibilidad de las teorías eclesiásticas. Sea como fuere, el germen de la Teoría de la evolución por selección natural ya había nacido, ya estaba en marcha, y nada ni nadie podría detenerlo.
Tras el regreso del Beagle Charles Darwin se dedicaría a estudiar minuciosamente todo el material que había ido compilando y enviándose a Inglaterra durante la expedición. Otro hecho crucial para forjar la idea fue el descubrimiento del libro “Ensayo sobre el principio de la población” de Malthus. A pesar de sus miedos, de su paciencia y de su falta de determinación, en 1859, veinte años después del regreso del Beagle Darwin publicaría aquel libro cuya publicación fue más parecida a un terremoto que a otra cosa, haciendo tambalear todos los cimientos de las creencias hasta entonces tan fuertemente asentadas.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Viaje por el Oeste Americano II: Secuoia National Park


Aquella carretera se abría ante nosotros. El coche no presentaba demasiados problemas, no era en este caso de conducción izquierda, solo automática, y eso, no tiene mucho misterio. Con tres Cds en el bolsillo, fruto de una compra que aspiró a ser más, en un mercado de segunda mano en alguna plaza de Jersey. A saber: Pop(U2), Morning Glory(Oasis) y la joya de la corona, Two Shoes(The Cat Empire). Demasiado poca música para tantísimos kilómetros, será inevitable sintonizar buenas frecuencias.


No llevamos GPS, en su lugar decidí mirar a través del Google Maps cual sería la ruta más conveniente entre Fresno y un pequeño pueblito llamado Three Rivers bastante cercano a nuestro primer objetivo: Secuoia National Park; y apuntar las carreteras y desviaciones oportunas en mi indispensbable libreta. Tomamos la vía principal CA99 durante 35 millas(algo menos de 60kms) dirección sur para después girar hacia el este durante otras 35 millas por una carretera secundaria. La emoción es evidente. California nos rodea, el sol ilumina un paisaje tan mediterráneo que nos recuerda a nuestra tierra, así como a aquellas series y películas setenteras tan californianas. Así, en poco más de hora y media llegamos a nuestro primer destino. No cuesta nada dar con el primer motel que haya de cobijarnos las dos noches siguientes. Justo al lado de la carretera, tal y como aprendimos en las pelis, ahí está: Western Holiday Lodge Three Rivers. Al bajarnos del coche descubrimos que el tiempo es sencillamente perfecto. La emoción nos embriaga, como no puede ser de otra manera. Aún quedan un par de horas de sol y hace suficiente calor como para darnos un buen baño en la piscina. Pero antes, lo que toca es el “check in” y toda la instalación en general.   
  
Así, la tarde discurre entre la felicidad del que recorre un “nuevo mundo” y la tranquilidad del que no tiene prisa por llegar a ningún lado, las metas y objetivos vendrán mañana. Finalmente, recuerdo perfectamente cómo fuimos a un restaraunte Mexicano para cenar...sería el primero de muchos en este viaje, pero se guarda un recuerdo especialmente hermoso de aquél, y de aquella noche. 

Al día siguiente hacemos algo parecido a madrugar, damos cuenta del buffet libre del desayuno y calzamos coche y carretera. En menos de quince minutos damos con la primera casetilla que nos hace pagar para entrar en un parque natural, y serían tres. Si no me falla la memoria, 15$, pero esto sería para toda la semana. Así que cruzamos, aún crece nuestra emoción, y nos paramos para las fotos de rigor. Más abajo un río más caudaloso pero que nos recuerda al Guadiaro por la vegetación mediterránea que le rodea, es anunciado por un cartel que reza del siguiente modo: "Río Mortal, mucha gente muere aquí ahogada 

Mucha gente muere aquí ahogada cada año”, es el Kaweah river. Seguimos adelante y vemos lo que de forma natural se asemeja a un dolmen, solo que ningún humano, ni siquiera Hulk, hubiese podido nunca levantar. Hasta cuándo aguantará es una incognita. Le auguramos aún una larga vida, pero un mal porvenir a uno de esos turistas que tanto le gusta fotografiarse bajo la inmensidad de la roca. Es el Tunnel Rock. 

Otra parada es al centro de visitantes, arañar un poco de información antes de la inmersión en los árboles más grandes del mundo. Lo más significativo es saber que tendremos que esperar hasta que sea en punto para poder pasar por un determinado tramo que se encuentra en obras. Además de eso, la anécdota que tiene tanto de graciosa como de terrorífica de encontrar un cartel en la puerta de entrada al centro de visitante informando de que entrar con pistolas está prohibido. Esto es USA.

Por fin pasamos por el punto de espera y poco después nos dan la bienvenida majestuosos árboles que exigen lo máximo a la flexibilidad de nuestro cuello si queremos ver la copa, y no solo son las secuoias sino también un tipo de pino brutalmente altos. Adentrándonos en el parque paramos finalmente en un lugar más poblado para acercarnos por primera vez a estos seres a los que tan necesariamente debemos mostrarles admiración y respeto. Buscamos un recodo en el camino donde dejar el coche y adentrarnos un poco por los secretos de estos árboles. Es difícil tratar de explicar con palabras lo que se siente al estar ante los seres vivos más grandes del planeta, los mismos que llevan allí desde antes de que nuestra civilización decidiera poner el contador de los años a 0.    Testigos mudos, caminamos solemnes al tiempo que a veces nos convertimos en niños para tratar de trepar un poco por estos dos que están más unidos, o corretear sobre aquel otro gigante muerto que yace en el suelo. A poco que se camina y se aleja uno de la carretera es imposible no acordarse de los osos negros (Black Bears) que se sabe por allí merodean, aunque hay tantas ganas como miedo a verlos... aún no asoman el pelo, su pelo negro.     

Pasado un rato abandonamos esa porción de bosque y vamos en 
busca de la joya de la corona en estos lares: El que es el ser vivo más grande de este planeta llamado Tierra. 83 metros de altura,11 metros de diámetro(33 de circunferencia), una estimación de 1250 toneladas(más de 10 veces más que la ballena azul, el que es el animal más grande que jamás haya existido). Llegamos a él, ahí está, el General Sherman. El momento es un momento único, pero en honor a la verdad huelga decir aquí que sería la primera vez de unas cuantas en las que descubrimos que los lugares más emblemáticos estaban ensuciados por la huella de la accesibilidad. Como una manía patológica, estos yankis te llevan el camino hasta la misma puerta, para que no haya turista de menos de 200kg ni de menos de 90 años que se quede sin llegar hasta el monumento en cuestión. Es considerado por su parte, pero se le roba gran parte de la magia. 



Después de eso durante ese día y gran parte del siguiente visitamos “La roca del moro”, pasamos con el coche por debajo de una Secuoia derruida, visitamos el centro de visitantes, conocimos otra comunidad de Secuoia más alejada, pasamos parte de la tarde bañándonos en un remanso del río de la muerte, cenamos, dormimos, y volvimos a viajar...pero eso, será otra historia.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Viaje por el Oeste Americano: Primera parte, NY- Fresno(California)


25 de Julio de 2011: Hoy toca madrugar; como siempre que la jornada es importante, larga y agotadora, pero claro, en ocasiones como ésta no resulta difícil, o al menos no tanto, porque el nerviosismo que produce la emoción de la expectativa carga las pilas y deja un estado de alerta que combate fácilmente al sopor...Salimos del pisito de Jersey, volveremos en un par de semanas, de momento hay que coger el Path que haya de dejarnos en el WTC y desde allí buscar la entrada de un metro que nos lleve hasta el aeropuerto, el JFK, para ser exactos. Todo va bien, un madrugador Dunkin Donuts, o algo similar, sirvió de suministro para nuestro "desayuno basura" aunque muy socorrido para la ocasión, y es que el tiempo, no juega a favor. Llegamos al aeropuerto y primer tropiezo: el trenecito que gira circularmente no se detiene en nuestra salida, el margen de tiempo que nos daba un respiro se estrecha y con ello nuestra respiración. A la siguiente vuelta comenzamos a ver extraños movimientos, sonidos y advertencias por los altavoces...Todo se detiene. Nos detienen. Buscamos información, se confirman las apariencias: aviso de bomba. Qué guay como en el cole!!! Se paraliza todo hasta nuevo aviso. La hora de salida se aproxima vertiginosamente, mucha incertidumbre, y aunque uno trate de ser optimista no siempre es fácil cuando todo es demasiado desconocido. Tras el desasosiego de la incertidumbre las aguas vuelven, parcialmente, a su cauce. Se reanuda todo como si nada hubiera pasado, y nadie parece, ni pareció, especialmente alarmado, será que es costumbre en la tierra del terror. El tiempo de la salida es inminente y no cambian la hora del vuelo, hay que facturar y todo el mundo está apilado. Sigue creciendo el desasosiego, sin embargo, sin saber muy bien cómo, lo conseguimos, facturamos, embarcamos y volamos. Próxima parada: Los Ángeles, California.

Seis horas despúes, si no me falla la memoria, y con cierto Jet Lag metido en el cuerpo, aterrizamos en la tierra de la playa y el sol estadounidenses. La Andalucía americana, como dijera alguien de cuyo nombre no quiero acordarme. Solo de pasada y desde el aire veremos el infinito terreno de casas de lujos, solo de pasada y desde el aire veremos el Pacífico y con algo de suerte las letras  más famosas del mundo sobre una colina...Pero no, no hubo suerte, no las vimos. En L.A. solo una pequeña escala hasta Fresno(California): nuestro destino por aire. Después de aterrizar en un artefacto poco más grande que una avioneta, recogemos equipaje y nos dirigimos al Rent a Car...por fin nuestro coche, maravilloso Chevrolet blanco con matrícula de Nevada. La pequeña libreta que hará las veces de GPS está lista, el sol brilla, hace calor y estamos felices de estar por fin en tierra y con toda la carretera para nosotros. Nos sentimos afortunados, de algún modo sabemos que el viaje comienza ahora.