lunes, 27 de julio de 2026

El fuego que todo lo quema (o casi)

 


Otra vez es verano y otra vez vuelven a arder los bosques y, tras ello, la sociedad en su conjunto, polarizando. Como el señor del meme, volvemos ahora todos a convertirnos en expertos de las causas de los incendios y de cómo tendrían estos que ser prevenidos.

No quiero yo negar que bien pudiera ser yo mismo también ese señor mayor de la taza que cree que todo lo sabe. Por más, que algo haya estudiado sobre este tema no me convierte, ni de lejos, en un experto. Lo que sí es cierto es que me asombra la facilidad con la que la gente, en general, lo adjudica todo a una única causa, negando, de forma inmediata, todas las demás; cuando, a todas luces, es un problema multifactorial.

Entonces, tras meditar un poco, buscar algo más de info y tratar de sosegarme voy a dedicar esta entrada a analizar un poco, según cómo lo veo, qué pasa con todo esto.

España arde, y también Francia. En las últimas décadas se han sucedido incendios que han batido récords históricos en distintos continentes: Portugal en 2017, Australia en 2019-2020, California en 2020, Siberia en 2021, Canadá en 2023, Grecia en 2023 o Chile en 2024. Al mismo tiempo, los registros globales muestran un aumento muy significativo de la superficie forestal afectada por incendios, con valores en los últimos años varias veces superiores a los observados al comienzo del siglo.  Las noticias llegan por doquier viéndose incendios más propios de película que de los noticiarios que solíamos ver, aunque claro, empezamos a acostumbrarnos y, tal vez por eso, ahora muchos dicen eso de que: “incendios ha habido siempre”.

Así, a simple vista podemos tirar de ciertos datos comparativos, porque resulta desalentador que nadie se fije en esto. Sin tirar de datos, creo que es evidente que lo que estamos viendo estos días en nuestro país, nadie lo recuerda. Entonces, sí aquellas personas (miles de científicos que dedican su vida a trabajar estudiando las evidencias) que nos dicen que el cambio climático es una realidad más que demostrada, nos dicen también que entre las posibles consecuencias están las de mayores desastres ecológicos como, por ejemplo, incendios, debido a las olas de calor y sequías prolongadas, a uno le cuesta entender por qué existen tantas personas, muchas de las cuales no han abierto un libro de ciencias en su vida, que nos acusan a los que sí achacamos al cambio climático una gran causalidad en la virulencia de estos incendios, de ser unos embusteros, manipuladores o dogmatizados políticos.

Respiramos. Porque he dicho que quiero escribir desde el sosiego. Pero sabemos, de sobra, que existen, desde hace décadas, grupo políticos, que responden a intereses económicos que niegan la evidencia del cambio climático. Amigos y amigas, que sí se suponen que han leído alguna cosa, retuercen los datos para llevárselo a su propio terreno. Por ejemplo, ahora que hablamos de incendios, dirán que no es el cambio climático el que los produce, sino una chispa. Y esto, además de ser algo de perogrullo, es cierto. La cerilla la ponen otros. Muchas veces, por desgracia, otra vez, nuestra propia especie. Aunque al parecer, solo en un 2% de los casos son pirómanos. El resto, son negligencias, en el uso de máquinas peligrosas, quema de rastrojos que se va de las manos, o alguna barbacoa a deshora.

Entonces, ¿es que acaso hay hoy más imprudentes que provocan fuegos? Pues lo dudo mucho, porque, en general, y a pesar del rechazo que genera en cierta parte de la población las medidas destinadas a tener más presente el medio ambiente, la población tiene más conciencia (aunque si me preguntan diré que mucho menos de la que necesitamos). Paradójicamente, aunque el número total de incendios ha disminuido en las últimas décadas, los grandes incendios forestales son cada vez más peligrosos y difíciles de controlar.

Durante este verano del 2026 en el cual incluso podríamos decir que el calor tardó un poco más en llegar que otros años, desde que “llegó” venimos experimentando una serie de olas de calor de extrema gravedad que superan, también, casi cualquier registro anterior. No es lo mismo un bosque durante x días a 30ªC, que a 43ºC. La biomasa, cuanto más seca y caliente, es más susceptible de salir ardiendo y de hacerlo con más fuerza. Es una relación tan clara y bien estudiada que se antoja incomprensible que alguien no la quiera ver.

Pero sí, llevan razón aquellas personas que dicen que no todo es imputable al cambio climático. No. Por desgracia, en nuestras sociedades, el éxodo rural es una constante desde hace décadas, consecuencia, el mundo rural está más abandonado. Y cuando un pastor llevaba a sus cabras por el monte, el pastoreo de estas disminuía la biomasa forestal. Esta, digamos, podría estar más controlada. Aunque, de sobra es conocido, el problema para los suelos de un exceso de pastoreo (sobrepastoreo) como una de las causas principales de la desertización debido a la pérdida de cobertura vegetal que acaba implicando un desgaste y empobrecimiento de las características del suelo. Al final, por desgracia, observamos como los problemas ambientales están relacionados y el equilibrio entre ambos a veces es más complejo de lo que pudiera parecer.

Algunos señalan que el modelo de ganadería intensiva ha contribuido al desplazamiento de modelos extensivos tradicionales, aunque las causas del abandono ganadero son mucho más complejas. Por otro lado, hay quien lo achaca a la Agenda 2030, aunque desconozco, hasta qué punto, esta puede ser causante de esto. La cuestión es que la Agenda 2030 no es una política forestal concreta ni existe evidencia de que sea la causa del abandono rural o del aumento de los incendios. El deterioro del mundo rural responde a procesos económicos y sociales que vienen de mucho antes.

Lo que sí importa es la gestión que año tras año se hace por parte de las autoridades responsables de los bosques de cara a prevenir incendios. En estos días, se habla mucho, de que gastamos más en extinción que en prevención. Y al parecer, según señala los expertos, esto tendría que ser al revés.

Curiosamente, arden las redes sociales, políticamente, al culpar a algunos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante lo cual, responden otros, que las competencias en esta materia son de las comunidades autónomas. Si bien, tal como pasara con la DANA, cuando la catástrofe es de tanta envergadura, el gobierno asume labores de coordinación y aporta medios extraordinarios, desplegando a la UME, pidiendo ayuda a Europa, etc.

Pero lo cierto es que, con los incendios de Madrid, han salido a la luz, muchos vídeos desde la hemeroteca donde la comunidad de bomberos forestales, en huelga desde años atrás, clamaba por unas condiciones dignas para su labor diaria. A muchos les choca que, precisamente, Ayuso, con bomberos indignados y con partidas presupuestarias mayores para la F1 o incrementos en otras como la tauromaquia, sea una de esas líderes políticas que cuestiona, día sí, día también, las evidencias del cambio climático de origen antropogénico. No es la única. Ni la causante de todo esto. Pero lo cierto es que el día que la política deje de estar en tantas ocasiones al servicio del poder económico para estarlo por el bienestar público, oirían más a los expertos siendo seguro que así las distintas problemáticas se afrontarían mejor. Por si acaso, entre tanto, nos tendremos que conformar con tertulianos en primetime que no saben de lo que hablan

Y esto, es por desgracia, para mí el debate central que trasciende incluso a este tema de los incendios y es que, en defensa de intereses económicos o ideológicos, se invierten muchísimos millones de euros en desinformar a una población cada día más ignorante, más sesgada a golpe de algoritmo, más individualizada y mucho más consumista. Y es esta forma de actuar de nuestra sociedad occidental moderna, mirando hacia otro lado, desoyendo a la ciencia y negando las problemáticas reales para adjudicarle las causas a la ascendencia de Leo en Mercurio retrógrado, las que están detrás, en última instancia, de la peligrosa deriva que la acción de nuestra especie está provocando sobre nuestro planeta en su conjunto.

Mientras sigamos desconociendo el origen, las causas y consecuencias de las distintas problemáticas ambientales, episodios como estos, cada día más devastadores, serán hoy solo la punta del iceberg. El futuro es emergente, y nos corresponde a todos afrontarlo. Levántense y piensen!!!!

 

domingo, 15 de marzo de 2026

SIRAT. Trance en el desierto

 



Ayer, por fin, vi Sirat, justo a las vísperas de su paso por la alfombra roja más preciada de este mundo, tantas veces tan pomposo, del universo del cine. Su director, crucificado y encantado de haberse conocido a partes iguales, dice que está tranquilo que da por hecho que no ganará, como sin querer, dando a entender que su cinta es demasiado rompedora para ser la elegida.

 De este chico alto, joven, guapo y polémico vengo sabiendo desde hace algún mes, como casi cualquier mortal de nuestro país que abra las noticias con cierta regularidad y es que, el bueno de Laxe, lleva en el candelero a cuenta de su película desde casi antes de su estreno. Esto, siempre consigue su objetivo, que no es otro que crear expectativas. Así que, ayer por fin, la vi. No quise saber mucho antes, más allá de que si las escenas de la Rave eran reales (los figurantes), o que era un padre que iba a buscar a una hija “perdida” o que tenía algún giro de guion de los bestias o que no dejaba indiferente a nadie, pá lo bueno o pá lo malo. Y dicho todo esto, no me cabe más, así a bote pronto, que corroborar las cosas oídas. Inteligente fui al no querer acercarme demasiado y salir mal parado con spoilers no pretendidos. Y ahora que yo puedo ser el spoileador aviso de que mejor será que te andes con ojo al seguir leyendo si aun no la has visto si no quieres ser tú ahora el damnificado.

Lo cierto es que, esta gran favorita, nominada a los Óscar (eso ya tiene su mérito) se comió un mojón muy grande frente a los Domingos de Alauda Ruíz, película que, tras ser la elegida, decidimos verla en primer lugar. No es mala película. Invita a la reflexión, pero tampoco estuvo exenta de crítica. No me disgustó, nada más lejos, pero lo cierto es que, no deja de ser una película más. De esas que tan bien sabemos cuidar en nuestro cine, tan a menudo vilipendiado. Pero, si toca comparar, creo que Sirat está absolutamente en otro plano. Creo que la película de Oliver Laxe está llamada a ser un clásico. Nadie hablará de Los Domingos como película de culto dentro de 20 años, y por supuesto, sí se hará con Sirat y eso, de entrada, ya me parece suficientemente relevante como para haber sido ella la que levantara los grandes cabezones. Pero eso da igual, los premios, premios son. Sin embargo, me atrevo a decir, que la crudeza desgarradora explícita de esta película ha tenido mucho que ver en que esto no ocurriera. En otras palabras, que puede que los señores académicos se hayan cagado, porque, al fin y al cabo, esto es un negocio y hay que vender.

Y puede que venda regular una multitud de europeos amantes de la música electrónica, perdidos en el desierto, de drogas hasta arriba, mientras un padre se pasea con su hijo en busca de su hija, supuestamente ravera y “perdida” desde hace años. De entrada, el planteamiento es original. Por otro lado, existen una serie de elementos difícilmente explicables que dejan al espectador con una serie de dudas respecto a la verosimilitud de la propuesta y en estas, andan, al parecer, las críticas más feroces. Pero ya sabéis, puestos a criticar, se critica lo que haga falta y más, así que le añadimos falta de compromiso político con respecto a la situación sufrida por el Sáhara. No seré yo quien diga lo contrario, aunque, sin embargo, molesta también que tantas veces se quieran mezclar churras con merinas o; por otro lado, que no se entienda que una crítica pudiera ser mucho más implícita.

El caso es que, sin ganas de reventar la película, diré que no deja indiferente que es valiente y de una fuerza audiovisual atroz. Crea tal estupefacción que durante mucho rato no sabes realmente qué opinas de ella. Pero lo cierto, es que no perderé la apuesta si opino que trascenderá en el tiempo.

Sirat significa "camino", "sendero" o "vía", y se refiere específicamente en la tradición islámica al puente, más delgado que un cabello y más afilado que una espada, que cruza sobre el infierno y conduce al paraíso, representando un viaje de prueba, dolor y purificación espiritual. Con esta definición arranca el largometraje del gallego y no la puede definir mejor. Sirat es la vida. Se quiera ver o no. Pero si somos más de vídeos de TikTok y productos prefabricados que nos llevan conduciendo desde hace demasiadas décadas a una vida robada de consumo y superficialidad puede que esta película no sea para ti.

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

¿Son los Therian el problema?

 

Hace una semana comía de viernes con los compis del insti y no pasó mucho tiempo antes de que alguien mencionara ese término, oído por primera vez para mí ante la sorpresa de mis compañeros ya que, pareciera que, desde hacía al menos dos días atrás, debía ser algo conocido por todo ser humano. Me explicaron que era la última moda y que las nuevas generaciones ahora se sienten perros y cosas de esas. Me sorprendió que todos lo vendieran como si fuese algo de lo más normal cuando a nadie nunca antes vi pronunciar tal cosa, ni en persona, ni por redes, vídeo viral siquiera.

A lo largo del fin de semana ya me llegaron vídeos de supuestas personas perras (aunque convendría destacar que de esas sí que conocía yo ya antes a muchas) que se comportaban como tal en un taxi. Y así el lunes los alumnos sacan el tema, y efectivamente se corrobora que es la moda. Por doquier, cualquiera habla de lo mismo y ya comienzan a contar casos de gente que hizo tal o cual cosa. En fin, de repente, todos comenzamos a pensar lo mal que está la sociedad para que los nuevos jóvenes se sientan perros (o jirafas, o vete tú a saber qué). Y claro, muchos comienzan a relacionar esto con ese cada vez más crecido discurso anti-woke. Donde los Woke son (o somos) aquellos progres que te dicen cómo tienes que pensar y según el cual al final, estamos construyendo a una suerte de hombre blandengue, que diría aquel, y ya, de paso, pues que esto, antes, con Franco, no pasaba y que si qué necesidad había de que Will de Stranger Things dijera que era gay, llegó a decir el mismísimo Elon Musk. Así que sí, parece que crece con fuerza un discurso antiwoke, antiprogre o, si se prefiere, anti fomento de la diversidad cultural, sexual, de identidad o cómo se prefiera llamar. Y esto, pues cala. Cala, especialmente cuando tiene una intención de que así sea. Cala, cuando es algo que no crece de la nada.


Entonces, uno, empieza a sumar dos más dos y los cabos se van atando. Resulta que no es que estos frikies Therian se sientan nada, sino que les gusta jugar a serlo, disfrazándose, o haciendo el imbécil, que no diré yo lo contrario. Pero de ahí a lo otro, pues mire ud. No es lo mismo. Y resulta que, ¿cuántos son? ¿Qué clase de plaga no serán para que todo el mundo hable de repente de esto? Pues mire ud. No deben ser muchos. Y entonces sí que nos encontramos a una piara de personas bastante más nutridas que los propios Therian yendo a ver y retratar para sus redes en la mismísima Puerta del Sol una supuesta concentración de Therians que no acabó apareciendo. Sí aparecen fotos de estos chicos y chicas cargados con el móvil, con morbo, intolerancia y odio, a retratar esos comportamientos aberrantes que jamás debiésemos permitir. Y uno se pregunta, llegados a este punto, ¿cuál es verdaderamente el comportamiento aberrante? Víctimas de una manipulación cargamos nuestra frustración contra un colectivo cuasi imaginario mostrando el mayor de nuestro desprecio, comprando argumentos que, en última instancia, irán contra lo construido por parte de colectivos como el LGTBI que tanto ha trabajado desde hace décadas. Y lo que la verdad esconde es más terrible, posiblemente, porque puede que esa intolerancia ante esas supuestas conductas, encierre un inconfesable rechazo a otro tipo de identidades más aceptadas y que a día de hoy no sería socialmente aceptable mostrar públicamente dicho rechazo.

Sin haber hecho una gran labor periodística para esta entrada, creo que ha sido en Argentina, a raíz de protesta contra las políticas de Milei, que se ha comenzado a hablar de este fenómeno porque cuatro gatos que protestaban lo hicieron contra él disfrazados de gatos, perros o whatever. Pues se ve, que el señor presidente, ha encontrado con esto una perfecta cortina de humo y ya está iniciando una auténtica cruzada contra ellos, prohibiciones mediante. Y, por si no fuese suficientemente ridículo, lo exportamos y lo copiamos. Porque siempre fuimos expertos en copiar y gilipolleces.

Y así, cual efecto Pigmalión, esta sociedad que vive tras la pantalla y que, ciertamente, se encuentra muy perdida (ojo, la joven y la no tan joven) tendrá a individuos en ella que, de tanto darle bombo a un fenómeno irreal encontrarán motivos para adherirse a la causa. Y bajo esta premisa, uno se pregunta si estos futuros gato-perros serán producto de un discurso Woke o de un discurso de Ultraderecha. En cualquier caso, a mí dejadme en paz, que cada cual con su vida. Y que dejen de manipular. Y a los que tanto opinan, sin pararse a pensar por ellos mismos ni un solo segundito, prueben a hacerlo. Igual no os defrauda. Si es que aún estáis a tiempo.

martes, 10 de febrero de 2026

Super Bad Guevara Bunny

 


Conocí a Bad Bunny hace ahora como unos ocho años. No personalmente, no tuve ese lujo, sino a través de los gustos de mi alumnado y sus peticiones, pequeños regalos que me permiten no estar demasiado alejado de la realidad. En aquellos días, me tocaba ser el Coordinador de Igualdad de mi Centro en una época que coincidía de plano con la Cuarta Ola feminista. La conciencia explotaba y evidenciar cómo a la mujer se la cosificaba, como antaño, pero más, en un contexto de tanto empoderamiento no hacía más que llamar la atención. Pero la contradicción estaba ahí, como siempre ocurrió, como siempre ocurre, como siempre ocurrirá. En el alarde de autoproclamarnos  defensores de lo moralmente correcto algunos nos señalaron que ya el rock intocable que nos enamoraba pecaba de lo mismo (I´ll be watching you-The Police). Vale, había que comprar el discurso, aunque no me jodas, lo mismo, lo mismo no es. En cualquier caso, lo que no es lo mismo, ni se puede discutir es que el bueno de Sting canta como 754 millones de veces mejor que el Bad Bunny este. Pero bueno, supongo que eso tampoco tiene que ser un problema. “La gente es libre de que le guste lo que sea”, se argumenta por ahí. Del mismo modo, argumento por aquí, que libres seremos otros de criticarlo.

Lo cierto es que esto no es nuevo pero la degradación sí es a peor. En aquella época lo era, la música convertida en una fórmula fácil y repetida donde, a pesar de las buenas producciones, la calidad de, en esencia, la música, brillaban por su ausencia. Y en este contexto, podíamos analizar las letras. Letras simples que mi primo el del coeficiente límite podría hacer con los ojos cerrados. Y el mensaje, mejor ni hablar: fomento de la narcocultura, el poder, y la cosificación de la mujer. Dirán que el Robe hacía lo mismo, ah, pos vale.

El caso es que esto era así y a todos los que se les suponía que podían pensar un poquito, solo un poquito, más allá de la corriente del mainstream, que todo lo arrasa, lo compraban. Hasta que, no sabemos muy bien por qué, surgió una tendencia que venía a decir: “oye me gusta el reguetón y no me avergüenza decirlo, flipado de mierda que vas de intelectual. Eres un puto viejo” Entonces, todos los que nos dimos por aludidos agachamos la cabeza y a callar, al fin y al cabo, eran amigos, más amigas que amigos, y el libro de los gustos pues está en blanco. Mientras tanto, fue un buen momento, ya que estábamos viniéndonos arriba, para, cual mago con su chistera, pasar de la crítica, a la aceptación a que….ohhh, sorpresa, es lo más puto mejor que existe. Cuando el bueno de C Tangana con su inteligente movimiento de El Madrileño es alzado a los olimpos de la historia de la música de nuestro país porque ha contado con Kiko Veneno y Calamaro, ok. Y así, con Rosalía, guerrera indestructible que todo lo puede, llegamos a que el señor Bad Bunny arrase en los Grammys justo antes de que todo el mundo se rinda a su majestad alabando el acto de protesta tan absolutamente extraordinario que ha protagonizado, oh milagro, en el descanso de la SuperBowl. ¿Por qué? Joder, pues por qué va a ser, ¿es que no lo has visto? Pues porque ha sacado todas las banderas latinoamericanas al tiempo que decía el nombre de los países que la conforman. A juzgar por las letras que suele pronunciar le ha tenido que costar tela aprenderse esto y esto, pues oye, tiene su mérito.

El caso es que, llegados a este punto, uno sabe que todas las cosas ocurren dentro de un contexto. Y el contexto en cuanto a libertades, no puede ser peor. El señor Donal Trump, votado y apoyado por una mayoría de americanos que supongo han ido experimentando  una merma en su espíritu crítico y consumo de cultura similar al que haya podido experimentar el oyente medio de Bad Bunny, viene experimentando con toda una serie de trucos maravillosos para poner en jaque a la que nos llevan décadas contando es la mayor democracia de este planeta, creadora y otorgadora, por otro lado, de carnets de países democráticos a lo largo y ancho del mismo. Por no hablar de los experimentos ejecutados contra los derechos humanos. Para colmo, los exdueños de esos derechos cercenados son, en su mayoría, habitantes, o exhabitantes, de los países que enumeraba ayer el bueno de Bad Bunny en el campo de Fútbol. Era una forma de recordar, que ellos pues también son América y que joderles como lo hacen pues, mire ud. No está bien.

Pero lo cierto, es que tampoco es que se hiciese nada más allá de eso. O al menos yo lo desconozco. No un Fuck Trump, ni nada por el estilo. No sé, o cosas así como más grandes. Sin embargo, lo que sí ocurre es que el bueno del Bad Bunny, junto con cada vez más gente, acumulan fortunas de cientos de millones de dólares mientras que cualquier ciudadano medio cada día tiene más problemas para siquiera, comprar una casa. Y claro, el lector medio, me dirá, que qué tiene esto que ver, si todo el mundo sabe que el problema es, cómo no, de Pedro Sánchez, el Perro, o el Dirty Sánchez. Y no le exculpo yo de su cuota de responsabilidad, ni le imputo la misma al señor Bunny. Pero sí a la lógica capitalista trabajada durante décadas y elevada al Olimpo del Mercado durante los últimos años durante los cuales el algoritmo se ha ido especializando. Y se especializa en hacernos, básicamente, más estúpidos. Porque si somos más estúpidos, compraremos más. Compraremos lo que nos digan, porque ese, y no otro, es su objetivo. Compraremos los discursos fascistas que pueblan a lo largo y ancho de todo este puto mundo, sin ningún tipo de filtro, amparándose en mentiras más que demostrables. Pero que crece, crece y crece. Y consiguen que compremos que toda intervención en el mercado será el mal. Porque ya sabéis, se regula solo. Y claro, si se regula solo, cómo van los pobres Youtubers a pagar tantos impuestos. Joder, es que no es justo. Y si se regula solo…¿cómo va el presidente de un país a hacer nada con la vivienda? Joder pues que lo haga…ahhh, bueno, pero es que va darle cabida los okupas…joder qué mal!!! Y si se regula solo, compraremos que Bad Bunny canta bien, y que es el mayor azote, que el señor Donald Trump, que también debe regularse solo, puede encontrar.

Y entonces, y solo entonces, uno se dice a sí mismo (aun a riesgo de equivocarse y sonar a moralmente superior y tener que pedir perdón por ser tan gilipollas): así nos va