Conocí a Bad Bunny hace ahora
como unos ocho años. No personalmente, no tuve ese lujo, sino a través de los gustos
de mi alumnado y sus peticiones, pequeños regalos que me permiten no estar
demasiado alejado de la realidad. En aquellos días, me tocaba ser el Coordinador
de Igualdad de mi Centro en una época que coincidía de plano con la Cuarta Ola
feminista. La conciencia explotaba y evidenciar cómo a la mujer se la
cosificaba, como antaño, pero más, en un contexto de tanto empoderamiento no
hacía más que llamar la atención. Pero la contradicción estaba ahí, como
siempre ocurrió, como siempre ocurre, como siempre ocurrirá. En el alarde de
autoproclamarnos defensores de lo
moralmente correcto algunos nos señalaron que ya el rock intocable que nos enamoraba
pecaba de lo mismo (I´ll be watching you-The Police). Vale, había que comprar
el discurso, aunque no me jodas, lo mismo, lo mismo no es. En cualquier caso,
lo que no es lo mismo, ni se puede discutir es que el bueno de Sting canta como
754 millones de veces mejor que el Bad Bunny este. Pero bueno, supongo que eso
tampoco tiene que ser un problema. “La gente es libre de que le guste lo que
sea”, se argumenta por ahí. Del mismo modo, argumento por aquí, que libres
seremos otros de criticarlo.
Lo cierto es que esto no es nuevo
pero la degradación sí es a peor. En aquella época lo era, la música convertida
en una fórmula fácil y repetida donde, a pesar de las buenas producciones, la
calidad de, en esencia, la música, brillaban por su ausencia. Y en este contexto,
podíamos analizar las letras. Letras simples que mi primo el del coeficiente
límite podría hacer con los ojos cerrados. Y el mensaje, mejor ni hablar: fomento
de la narcocultura, el poder, y la cosificación de la mujer. Dirán que el Robe
hacía lo mismo, ah, pos vale.
El caso es que esto era así y a todos los que se les suponía que podían pensar un poquito, solo un poquito, más
allá de la corriente del mainstream, que todo lo arrasa, lo compraban. Hasta que, no
sabemos muy bien por qué, surgió una tendencia que venía a decir: “oye me gusta
el reguetón y no me avergüenza decirlo, flipado de mierda que vas de
intelectual. Eres un puto viejo” Entonces, todos los que nos dimos por aludidos
agachamos la cabeza y a callar, al fin y al cabo, eran amigos, más amigas que
amigos, y el libro de los gustos pues está en blanco. Mientras tanto, fue un
buen momento, ya que estábamos viniéndonos arriba, para, cual mago con su
chistera, pasar de la crítica, a la aceptación a que….ohhh, sorpresa, es lo más
puto mejor que existe. Cuando el bueno de C Tangana con su inteligente
movimiento de El Madrileño es alzado a los olimpos de la historia de la música
de nuestro país porque ha contado con Kiko Veneno y Calamaro, ok. Y así, con
Rosalía, guerrera indestructible que todo lo puede, llegamos a que el señor Bad
Bunny arrase en los Grammys justo antes de que todo el mundo se rinda a su
majestad alabando el acto de protesta tan absolutamente extraordinario que ha protagonizado,
oh milagro, en el descanso de la SuperBowl. ¿Por qué? Joder, pues por qué va a
ser, ¿es que no lo has visto? Pues porque ha sacado todas las banderas
latinoamericanas al tiempo que decía el nombre de los países que la conforman. A
juzgar por las letras que suele pronunciar le ha tenido que costar tela
aprenderse esto y esto, pues oye, tiene su mérito.
El caso es que, llegados a este
punto, uno sabe que todas las cosas ocurren dentro de un contexto. Y el
contexto en cuanto a libertades, no puede ser peor. El señor Donal Trump, votado
y apoyado por una mayoría de americanos que supongo han ido experimentando una merma en su espíritu crítico y consumo de
cultura similar al que haya podido experimentar el oyente medio de Bad Bunny,
viene experimentando con toda una serie de trucos maravillosos para poner en
jaque a la que nos llevan décadas contando es la mayor democracia de este
planeta, creadora y otorgadora, por otro lado, de carnets de países
democráticos a lo largo y ancho del mismo. Por no hablar de los experimentos ejecutados
contra los derechos humanos. Para colmo, los exdueños de esos derechos
cercenados son, en su mayoría, habitantes, o exhabitantes, de los países que enumeraba
ayer el bueno de Bad Bunny en el campo de Fútbol. Era una forma de recordar,
que ellos pues también son América y que joderles como lo hacen pues, mire ud. No
está bien.
Pero lo cierto, es que tampoco es
que se hiciese nada más allá de eso. O al menos yo lo desconozco. No un Fuck
Trump, ni nada por el estilo. No sé, o cosas así como más grandes. Sin embargo,
lo que sí ocurre es que el bueno del Bad Bunny, junto con cada vez más gente, acumulan
fortunas de cientos de millones de dólares mientras que cualquier ciudadano
medio cada día tiene más problemas para siquiera, comprar una casa. Y claro, el
lector medio, me dirá, que qué tiene esto que ver, si todo el mundo sabe que el
problema es, cómo no, de Pedro Sánchez, el Perro, o el Dirty Sánchez. Y no le
exculpo yo de su cuota de responsabilidad, ni le imputo la misma al señor
Bunny. Pero sí a la lógica capitalista trabajada durante décadas y elevada al Olimpo
del Mercado durante los últimos años durante los cuales el algoritmo se ha ido
especializando. Y se especializa en hacernos, básicamente, más estúpidos.
Porque si somos más estúpidos, compraremos más. Compraremos lo que nos digan,
porque ese, y no otro, es su objetivo. Compraremos los discursos fascistas que
pueblan a lo largo y ancho de todo este puto mundo, sin ningún tipo de filtro,
amparándose en mentiras más que demostrables. Pero que crece, crece y crece. Y
consiguen que compremos que toda intervención en el mercado será el mal. Porque
ya sabéis, se regula solo. Y claro, si se regula solo, cómo van los pobres Youtubers
a pagar tantos impuestos. Joder, es que no es justo. Y si se regula solo…¿cómo
va el presidente de un país a hacer nada con la vivienda? Joder pues que lo
haga…ahhh, bueno, pero es que va darle cabida los okupas…joder qué mal!!! Y si
se regula solo, compraremos que Bad Bunny canta bien, y que es el mayor azote,
que el señor Donald Trump, que también debe regularse solo, puede encontrar.
Y entonces, y solo entonces, uno
se dice a sí mismo (aun a riesgo de equivocarse y sonar a moralmente superior y
tener que pedir perdón por ser tan gilipollas): así nos va