martes, 10 de febrero de 2026

Super Bad Guevara Bunny

 


Conocí a Bad Bunny hace ahora como unos ocho años. No personalmente, no tuve ese lujo, sino a través de los gustos de mi alumnado y sus peticiones, pequeños regalos que me permiten no estar demasiado alejado de la realidad. En aquellos días, me tocaba ser el Coordinador de Igualdad de mi Centro en una época que coincidía de plano con la Cuarta Ola feminista. La conciencia explotaba y evidenciar cómo a la mujer se la cosificaba, como antaño, pero más, en un contexto de tanto empoderamiento no hacía más que llamar la atención. Pero la contradicción estaba ahí, como siempre ocurrió, como siempre ocurre, como siempre ocurrirá. En el alarde de autoproclamarnos  defensores de lo moralmente correcto algunos nos señalaron que ya el rock intocable que nos enamoraba pecaba de lo mismo (I´ll be watching you-The Police). Vale, había que comprar el discurso, aunque no me jodas, lo mismo, lo mismo no es. En cualquier caso, lo que no es lo mismo, ni se puede discutir es que el bueno de Sting canta como 754 millones de veces mejor que el Bad Bunny este. Pero bueno, supongo que eso tampoco tiene que ser un problema. “La gente es libre de que le guste lo que sea”, se argumenta por ahí. Del mismo modo, argumento por aquí, que libres seremos otros de criticarlo.

Lo cierto es que esto no es nuevo pero la degradación sí es a peor. En aquella época lo era, la música convertida en una fórmula fácil y repetida donde, a pesar de las buenas producciones, la calidad de, en esencia, la música, brillaban por su ausencia. Y en este contexto, podíamos analizar las letras. Letras simples que mi primo el del coeficiente límite podría hacer con los ojos cerrados. Y el mensaje, mejor ni hablar: fomento de la narcocultura, el poder, y la cosificación de la mujer. Dirán que el Robe hacía lo mismo, ah, pos vale.

El caso es que esto era así y a todos los que se les suponía que podían pensar un poquito, solo un poquito, más allá de la corriente del mainstream, que todo lo arrasa, lo compraban. Hasta que, no sabemos muy bien por qué, surgió una tendencia que venía a decir: “oye me gusta el reguetón y no me avergüenza decirlo, flipado de mierda que vas de intelectual. Eres un puto viejo” Entonces, todos los que nos dimos por aludidos agachamos la cabeza y a callar, al fin y al cabo, eran amigos, más amigas que amigos, y el libro de los gustos pues está en blanco. Mientras tanto, fue un buen momento, ya que estábamos viniéndonos arriba, para, cual mago con su chistera, pasar de la crítica, a la aceptación a que….ohhh, sorpresa, es lo más puto mejor que existe. Cuando el bueno de C Tangana con su inteligente movimiento de El Madrileño es alzado a los olimpos de la historia de la música de nuestro país porque ha contado con Kiko Veneno y Calamaro, ok. Y así, con Rosalía, guerrera indestructible que todo lo puede, llegamos a que el señor Bad Bunny arrase en los Grammys justo antes de que todo el mundo se rinda a su majestad alabando el acto de protesta tan absolutamente extraordinario que ha protagonizado, oh milagro, en el descanso de la SuperBowl. ¿Por qué? Joder, pues por qué va a ser, ¿es que no lo has visto? Pues porque ha sacado todas las banderas latinoamericanas al tiempo que decía el nombre de los países que la conforman. A juzgar por las letras que suele pronunciar le ha tenido que costar tela aprenderse esto y esto, pues oye, tiene su mérito.

El caso es que, llegados a este punto, uno sabe que todas las cosas ocurren dentro de un contexto. Y el contexto en cuanto a libertades, no puede ser peor. El señor Donal Trump, votado y apoyado por una mayoría de americanos que supongo han ido experimentando  una merma en su espíritu crítico y consumo de cultura similar al que haya podido experimentar el oyente medio de Bad Bunny, viene experimentando con toda una serie de trucos maravillosos para poner en jaque a la que nos llevan décadas contando es la mayor democracia de este planeta, creadora y otorgadora, por otro lado, de carnets de países democráticos a lo largo y ancho del mismo. Por no hablar de los experimentos ejecutados contra los derechos humanos. Para colmo, los exdueños de esos derechos cercenados son, en su mayoría, habitantes, o exhabitantes, de los países que enumeraba ayer el bueno de Bad Bunny en el campo de Fútbol. Era una forma de recordar, que ellos pues también son América y que joderles como lo hacen pues, mire ud. No está bien.

Pero lo cierto, es que tampoco es que se hiciese nada más allá de eso. O al menos yo lo desconozco. No un Fuck Trump, ni nada por el estilo. No sé, o cosas así como más grandes. Sin embargo, lo que sí ocurre es que el bueno del Bad Bunny, junto con cada vez más gente, acumulan fortunas de cientos de millones de dólares mientras que cualquier ciudadano medio cada día tiene más problemas para siquiera, comprar una casa. Y claro, el lector medio, me dirá, que qué tiene esto que ver, si todo el mundo sabe que el problema es, cómo no, de Pedro Sánchez, el Perro, o el Dirty Sánchez. Y no le exculpo yo de su cuota de responsabilidad, ni le imputo la misma al señor Bunny. Pero sí a la lógica capitalista trabajada durante décadas y elevada al Olimpo del Mercado durante los últimos años durante los cuales el algoritmo se ha ido especializando. Y se especializa en hacernos, básicamente, más estúpidos. Porque si somos más estúpidos, compraremos más. Compraremos lo que nos digan, porque ese, y no otro, es su objetivo. Compraremos los discursos fascistas que pueblan a lo largo y ancho de todo este puto mundo, sin ningún tipo de filtro, amparándose en mentiras más que demostrables. Pero que crece, crece y crece. Y consiguen que compremos que toda intervención en el mercado será el mal. Porque ya sabéis, se regula solo. Y claro, si se regula solo, cómo van los pobres Youtubers a pagar tantos impuestos. Joder, es que no es justo. Y si se regula solo…¿cómo va el presidente de un país a hacer nada con la vivienda? Joder pues que lo haga…ahhh, bueno, pero es que va darle cabida los okupas…joder qué mal!!! Y si se regula solo, compraremos que Bad Bunny canta bien, y que es el mayor azote, que el señor Donald Trump, que también debe regularse solo, puede encontrar.

Y entonces, y solo entonces, uno se dice a sí mismo (aun a riesgo de equivocarse y sonar a moralmente superior y tener que pedir perdón por ser tan gilipollas): así nos va