lunes, 31 de diciembre de 2018

Across the Universe


La tercera temporada de Lost y su “We Have to go back” nos tenían  atrapados a la pantalla y monotemáticos en las conversaciones. Por aquellos días crecíamos deprisa encontrándonos un paso más dentro de la adultez que de los días universitarios, pero aún sin demasiados compromisos. El primer año de convivencia estaba a punto de concluir, tocaba mudarse y puede que, por todo un poco, decidiésemos que un gato, a falta de hijos que ni se vislumbraban en el horizonte, era el paso lógico. Así que, haciendo caso a nuestro espíritu frikiero, acordamos llamarlo Sawyer. Sawyer era pequeño y hermoso, tan precioso que conquistó corazones desde un primer momento, muy especialmente el de Elena. Llegó en plena mudanza, así que no tuvo el mejor aterrizaje. No debe ser fácil que vengan unos desconocidos y te separen de tu madre y tu hermana para siempre, pero en fin, esa es la vida de los humanos y los gatos. Sawyer no tardó en acostumbrarse a los mimos que no cesaban y a eso de ser el rey de la casa…más un zulo que una casa, pero rey al fin y al cabo. Sawyer nos acompañaba si íbamos a Granada de visita o si tocaba Algeciras. Los días pasaban y su pelaje blanco y negro, su continuo ronroneo, sus juegos y sus múltiples manías fueron formando tanta parte de nosotros como nosotros mismos.
El tiempo, como siempre hace, decidió seguir pasando, y ante la pequeña preocupación de verlo a veces tan solo y ante las casualidades del destino, Trotsky no tardó en aparecer. Y ya eran dos. Trotsky con sus miedos, sus locuras y la energía incombustible de ser cachorro hacían que Sawyer a veces perdiese los nervios…pero pronto, muy pronto, se acostumbraron tanto el uno al otro como a ellos mismos.

Viajes, cuidados, vacunas, Lennon, escapadas y vallas antihuídas, arañazos, horas de sueño, mimos, juegos, liquidito, arena de perla, manías, juegos con cajas, bolas de aluminio, ataques por sorpresa, ronroneos… y el tiempo siguió pasando. Embarazo, mudanza y Adán vino para quitarles su reinado. En Algeciras la vida se empeñaba en ir aún más deprisa e inevitablemente Sawyer y Trotsky pasaron a un segundo plano. Aprendimos a compartir momentos nocturnos, a encontrarnos a deshoras, a buscarnos las vueltas, especialmente cuando sabías que en Sawyer siempre existía ese remanso de paz capaz de ponerle freno a la frenética actividad de ser padre primerizo, o de tener a dos hijos pequeños…y cuando duermen, y te ibas a la cama, allí estaba él, para pegar tu rostro sobre su abdomen, para respirar más lento mientras el mundo iba desacelerando al tiempo que las vibraciones de sus ronroneos comenzaban a ganar intensidad y atrevesar todo tu cuerpo. A veces he sentido cómo llegaban directamente al corazón, y aparecía el remanso. Sawyer era dador. Y eso era un privilegio que nos podíamos permitir, recibir tanto a cambio de nada.

La salud nunca pareció resentirse, salvo alguna contada excepción y nada llamativo. Eso es lo que pensábamos hace ya algo más de un mes, pero el posible resfriado de Sawyer se alargaba más de la cuenta y lo tenía demasiado bajo. Tocaba ir al veterinario, pruebas, nervios, malas vibraciones y el diagnóstico no vino a despejarlas. Sawyer parecía condenado, aunque nos dieron un clavo al que agarrarnos, y nos agarramos, y Sawyer reaccionó como ese bicharraco que ha sido siempre. El suero le cargó las pilas y la nueva analítica nos lanzó por las nubes durante algunos días…aunque no demasiados. El riñón seguía sin funcionar todo lo bien que desearíamos esperar y los días de amodorramiento, abulia y apatía volvieron a ir ganando la partida. Todo tiene un tiempo. Todos tenemos un tiempo. El tiempo de esos seres que  llamamos animales de compañía y decidimos que nos acompañen en nuestro viaje está destinado a ser más corto. Pero todos tenemos nuestro tiempo. Duele despedirse, duele asumir una nueva perspectiva en la que su presencia ya no inunde el hogar. Duele el vacío que queda y los recuerdos a veces duelen, pero siempre reconfortan.
 Las personas que ponen a los animales (los no humanos, nosotros también lo somos) en un segundo plano desprestigiando todo tipo de sentimiento empático o de familiaridad, o de compañerismo, o de amistad, tal vez es porque no han experimentado lo que es vivir con ellos. O tal vez es por vete tú a saber qué. El caso es que, nos queda el cálido y sereno recuerdo de tanto vivido. Ahora que han pasado dos semanas, escribo estas letras y sonrío levemente, con más calma, tal vez heredada por toda la que él regalaba. Fue dura, muy dura, la despedida, pero también hermosa. Llena de amor y de recuerdos. De paz y gratitud. Porque es exactamente eso lo que sentimos al pensar en los años que hemos compartido con Sawyer, su vida. Y reconforta, también bastante, saber que, aun con nuestros errores, hemos podido brindarle una vida más que satisfactoria.

 Sonaba Lennon en los últimos minutos que compartimos, porque siempre decíamos entre risas, pero de un modo totalmente sincero, que era el único que lo calmaba en aquellos viajes Málaga-Algeciras que tan nervioso le ponían. Sonó Beautiful Boy la cual siempre será para nosotros su canción y le despedimos mientras lo hacía el Across the Universe, porque de un modo u otro, algo así es lo que queremos creer que pasó, que viajó a través del universo en un momento fugaz que duró una eternidad…


 Gracias por tanto. Te queremos, te extrañamos.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Irrealidades reales vs Realidades irreales...Buenas noches, Papá Noel


Entonces, como de repente, me pongo a escribir, sin importarme que sea muy tarde, sin importarme quién lo pueda leer. Y me pregunto, ¿por qué no escribir como si no fuese a ser leído? ¿Por qué no lo escribo sin miedo a autocensurarme?¿ Por qué no dejo de escribirlo como siempre escribo últimamente, pensando en el interlocutor, sino solo, y esta vez solo, para mí? ¿Por qué no lo escribo como un secreto de confesión? Algo que no pudiera dejar salir y que, sin embargo, lo voy dejando ¿Por qué no busco la libertad de escribir, unir letras bajo mis dedos, sin que el mundo se pare, sin que lo haga mi mente? Solo desando buscar algo desde la  esencia en este cuasi marchitado ser que , por los pesos irrevocables de una sociedad insistente, va cediendo….va cediendo y que, sin embargo, no llega a ceder del todo. Este ser, que insiste, precisamente  en eso, en ser. Transcurre una noche, como lo hace otra. Buscando un remanso. Un brillo sincero que diga que la esencia no se perdió. Que insista, que grite, que patalee sin dolor, que la esencia no se perdió. Y alargamos las horas…tal vez refugiados en un vaso de alcohol. Una cerveza que decimos consumir para alcanzar un grado de conocimiento, un leve destello, que sonroje a quien mire, tal vez por la estupidez, tal vez por el hecho de tratar asumir que, nada sigue estando donde debiera estar, si es que acaso, hubiera un debiera, si es que acaso hubiese algo más que justo este momento y la música que suena. Porque, lo cierto es, que de un modo u otro, estableciendo el contexto que quisiéramos establecer, la música seguirá insistiendo en ser prerrogativa incuestionable. Tal vez viene del este, o quizás del oeste. ¿Mejor sería el sur? ¿O quizás el norte?, pero las teclas siguen replicando sin conseguir ser más sinceras que la música que suena, y mientras el tiempo hace un aparte, mientras la música suena, la vida nos hace guiños y el reloj de arena paró su condena. Esa que taxativamente muestra sus dientes a los bienintencionados oyentes que olvidaron vivir, atrapados en el poso de la irrealidad social y sus redes que todo lo envenenan. Muero por ser, una causa injusta que de su injusticia realce la belleza más cruenta de unos fieles despojados del sentido adulterado de ser ocaso. Ocaso que opaco dejó de brillar, ninguneado por los debieras y los deberías, y los múltiples galimatías de una palabra emborronada por el lenguaje de lo nefastamente correcto. Insistiendo en perder.
Brillan ojos joviales pidiendo respuestas que ya no sé dar. ¿Cómo buscar un sentido cuando no lo entiendes? ¿Cómo ser ejemplo de lo que se tiene que ser, si perdiste ese ejemplo, si deconstruiste esa palabra? ¿Cómo hablarle, a esos ojos joviales que brillan, de las contradicciones? De lo tristemente mortal que resulta asumir realidades impuestas que no han sido sometidas a referéndum. Y en el crepitar de los años y los quehaceres diarios uno se maravilla, en una pregunta, tal vez sin respuesta, que la realidad irreal se dibuja, desdibujada, en una pregunta sin respuesta. En una infinita amalgama de espirales sin respuestas…Respuestas que esperan a nunca ser satisfechas. Respuestas contentas con el único hecho de ser escuchadas. Y tal vez, puede que solo tal vez, esa sea la única respuesta. Y dibujo un corazón congelado en las respuestas que no daré. Y pregunto a Papá Noel, por cuántos segundos más, podremos seguir viviendo, pseudosatisfactoriamente, sin respuesta. Y lo que Papá Noel me cuenta, es que el olvido olvidó decírselo y que tal vez, y solo tal vez, será mejor, entre vaivenes rusos de montañas mágicas, seguir, como agazapado, esperando esa respuesta. Esa respuesta de la pregunta irreal acerca de la realidad que susurra, tímidamente, que sin dolores, asuma, que no habrá respuesta…
Y en el camino, la vida, decidió seguir….

Pd: olvidé el hecho de prometerme abrirme para no ser leído, mientras corrijo detalles para publicarlo…¿habrá cura para la irrealidad humana?
Pdd: el spotify, se empeña en regalarme varios que ni dedicándole horas, pudiera conseguir mejorar…gracias internet, vida y muerte, todo y nada, irrealidad real apenas contada.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Que viene el LOVOX (I)



A falta de unas pocos minutos de que empiece el Salvados de hoy, y a una semana exacta de comenzar a ver cómo VOX iba arrasando en muchas mesas electorales de Algeciras, para acabar irrumpiendo en el Parlamento andaluz con una representación de 12 diputados, me dispongo a escribir una entrada en este famélico blog, aprovechando que las vísceras poco a poco van volviendo a su temperatura habitual, para dar unas pinceladas, desde mi pequeña parcela subjetiva y analítica,  sobre la sensación política del momento.
VOX ha pegao una patá con fuerzas, mientras la gran mayoría de la población, como suele ocurrir, parecía estar a la luna de Valencia. Es cierto, que algunos sí empezábamos a olernos que la campanada de la noche iba a ir en esa dirección, pero ni siquiera los más catastrofistas podíamos habernos imaginado semejante irrupción. Ahora sí, todos queremos opinar y todos tenemos una causa y una solución. Supongo que no puedo mostrarme ajeno a la gran masa que busca causas y soluciones, sin embargo, a diferencia de lo que suelo oír, al menos soy consciente de que las causas son múltiples propias de un sistema cada día más complejo y acelerado… y las soluciones…Las soluciones, seguramente, mucho más complejas aún.
En primer lugar, creo que nuestra sociedad iba dando señales inequívocas de un corte más escorado a la ultraderecha desde hace algo más de un año. En mi opinión, creo que en los atentados de Barcelona en el verano del 17 fue la primera vez que un sector importante de la población se quitaba la careta. En aquellos días leer comentarios en las redes resultaba deprimente pues buena parte de la sociedad no dudaba en situar en una misma línea a los terroristas con todo el mundo islámico…y a partir de ahí lo que se podía leer nos sacaba también lo peor de nosotros mismos. Vivimos también el primer encontronazo directo. Poco después el pulso del referéndum sostenido por Puigdemont  y el resto de las fuerzas independentistas y el camino que fue adquiriendo su desenlace también se convirtió en un segundo aviso claro de por dónde respiraba buena parte de la sociedad cuando oímos aquello de  “A por ellos” y las justificaciones de las cargas el 1-O. A partir de ahí todo se aceleró y la derecha electa representada por dos partidos comenzaba a combatir entre ellos por ver quién la tenía más grande, la bandera claro. Pero a ninguno los desgastó el discurso, al contrario, todos los balcones se llenaron de banderas y el discurso de la identidad nacional exacerbada iba ganando adeptos por doquier…Y casi sin querer, llegó el verano. Y comenzamos a ver grandes llegadas de inmigrantes este verano. Desembarcos a plena luz del día en playas llenas de turistas…y las redes volvían a llenarse de odios, con vídeos que se hacían viral, pero esta vez sin ningún tipo de autocensura, ni de reparos. En esta ocasión, los nuevos influencers no contrastaban datos, tampoco los mostraban, tampoco había detrás ningún tipo de razonamiento, oratoria, o análisis multifactorial. NO, solo odio, ignorancia y miedo…o al revés.
Y ese fue el contexto hasta ese verano. Entre tanto, la derecha electa hacía la lectura de esa nueva marcha social y echaba gasolina para saltar sobre los escombros, una vez devorados por las llamas. Y les iba yendo bien, porque a pesar de los numerosos sempiternos escándalos del PP, de la moción a Rajoy, y los másteres de Casado, ahí seguían, sin desplomarse. Y Ciudadanos, dando tumbos, pero a lo suyo. Claro que la izquierda se lo ponía muy fácil. Podemos en sus continuas peleas internas seguía dando la nota por una nueva salida de tono, una nueva contradicción en forma de casa, o la última teatralización. Y cada nota sacada de contexto era, como siempre, amplificaba por unos medios que las hacían llegar a una gran mayor parte social que ya no necesitaba de ellos oír nada más porque, a estas alturas, pase lo que pase, para una mayor parte de la sociedad es oír Podemos y saltar el interruptor del odio y el asco. Otra batalla que se ha perdido.
Y en estas, llega VOX y llena VistaAlegre. Y se quitan la careta y hablan sin tapujos sobre temas que contravienen leyes, y artículos enteros de la Constitución. Y en estas Pedro Sánchez dice que a Paquito hay que sacarlo, y las calles de Madrid se llenan de ultraderechistas con brazo en alto, y mucho músculo de gimnasio. Y en estas Dani Mateo hace un Sketch, se suena los mocos y el país entero quiere verlo muerto. Y en estas hay elecciones y las encuestas les dan un escaño, ya si eso, y se llevan 12.
VOX ha llegado, y ahora se sienten fuertes y confiados no se esconden. Y nos peleamos entre nosotros, porque la incredulidad nos duele, y la frustración nos puede. Y queremos ponernos muy dignos y hablar de alerta antifascista. Y a algunos, hasta puede molarnos mucho oírlo en ese momento, porque en ese momento somos frágiles y necesitamos respuestas, algo a lo que agarrarnos. Decir las cosas también nosotros por su nombre pero, por desgracia, el tema es mucho más complejo.
Por supuesto que aceptamos los resultados electorales. La duda ofende, pero si la gente quiere salir a la calle contra ese partido es para gritar fuerte y claro que los demócratas no podemos tolerar que vivamos con valores antidemocráticos. Es obvio. Es fácil de entender. Es necesario. Sin embargo, puede que tal vez, y solo tal vez, quizás tampoco fue la mejor estrategia. Porque, en caliente, las cosas son de un modo, pero su análisis,es otra cosa diferente. En fin, que empieza Salvados, y como este tema y el contexto social que subyace bajo su irrupción, que es verdaderamente el punto a tener en cuenta a la hora de analizar, seguirán trayéndonos muchos quebraderos de cabeza, pero quizás también interesantes debates para reconstruir, para volver a buscar espacios desde los que tender puentes y comenzar de nuevo a tejer tejidos sociales que olvidamos y abandonamos cuando, precisamente, hace hoy casi 5 años, éramos nosotros los que dábamos la patada al tablero político…De un modo u otro seguiremos hablando del tema, así que amenazo con otra entrada, poniendo el foco en el perfil de su votante en este nuevo constructo social.

jueves, 11 de octubre de 2018

Poquito a poco, la rueda


El curso ya arrancó y seguimos en la senda de buscar nuevos caminos que nos alejen de lo tradicional. Como siempre, vamos dando palos de ciego, con más motivación e intuición que estudio. Y de un modo u otro, seguimos sumando a trompicones, con el ensayo y error, con las frustraciones, pero también con los aciertos; y los aciertos nos lo copiamos en nuestro proceder para volver ponerlo en marcha en unos días e ir así, poco a poco, puliendo imperfecciones y mejorando el proceso, como en todo proceso de mejora. En la ciencia de la educación, somos más artistas que técnicos, y nos disfrazamos de solemnidad cuando se presenta la ocasión, para dar un discurso en do menor, mientras hablamos con voz pausada y enérgica sobre la necesidad de tomar conciencia sobre la problemática ambiental. Otras veces, la ocasión, nos viste de payasos, que hace reír con tonterías muy tontas, o de humorista de un Latenightshow, que con comentarios ocurrentes, le busca las cosquillas al humor inteligente.Y así vamos sumando horas, que a veces nos enamoran y otros nos aplastan en el letargo. A veces del aburrimiento nos convertimos en magos y nos sacamos un conejo de la chistera, y así los sacamos de clase, los llevamos al patio, para sencillamente seguir dando allí la clase. Cuánto les sorprende la ruptura de la rutina, y será por eso que sus ojos vuelven a la vida, salen del sopor y del viaje introspectivo en el que andan perdidos. 
Nos cuenta un vídeo que se hacer viral que la neurociencia dice que tienen que hablar, moverse y escuchar música, así que será por eso que ya todos los alumnos van conociendo a Ludovico, a Rozalén o al Kanka. Y sí, se centran en las actividades, se motivan con el juego tonto del  minipunto, de la competición por grupos que no va a ningún lado pero que los espolea. Y hasta el que nunca hizo nada trabaja y con una palmadita  sincera en la espalda, no puede evitar que una sonrisa de satisfacción le asome como sin querer ante el reconocimiento...y se viene arriba.
Poco a poco, con más ilusión que manuales, vamos acertando en nuestros desaciertos y se construyen puentes...puentes nuevos que cada día tienen más prisa por dinamitar los viejos con cartuchos de innovación...Rompiendo con todo haremos un corto, contaremos historias anecdóticas para que se acerquen a los genios con otra mirada más cercana y así, tal vez, comprenderlos mejor, interesarse por ellos. Repetir lo explicado, detenerse en seco, cuando sus miradas huyen a sus mundos privados porque no estás atinando. O tal vez tomar aire, y descansar, para empezar de nuevo, como al invitarlos a ir a la ventana a que saboreen el aroma de una atmósfera limpia con la lluvia y el olor a tierra mojada... 

Así, tejiendo redes que se obsesionen menos por la estrictamente academicista, conseguimos que la rueda, poquito a poco, se vaya moviendo...


jueves, 13 de septiembre de 2018

Si los griegos levantaran la cabeza...


Hay quienes se ofenden, con mucha razón, de la violación de la idea de la universidad pública. Obviamente esta es la indignación que debería salir a flote de primera, a pesar de la normalización, los chistes, los memes, que no se acabe. Que no dejemos de soñar, por muy ingenuo que pueda parecer a estas alturas, que la universidad pública es aquel lugar en el que la gente de la calle  podemos optar a tener más oportunidades. Que no dejemos de verla como el ascensor social que siempre prometió ser. Nunca nos pudimos (ni quisimos) costearnos la privada, pero seríamos licenciados y trabajaríamos en puestos de relevancia social. Aunque luego, claro está, llegara la crisis, y antes de eso el comienzo de la titulitis. Recuerdo perfectamente cómo cuando de preadolescente escuchábamos que Fulano o Mengano se habían sacado un máster. Entonces, allá por los 90, eso era sinónimo de tener mucha pasta y/o ser un gran estudiante. El que tenía un máster era la repolla. Muy pijo, pero la hostia!!!
Luego entramos en este nuevo siglo y seguro que los que saben de economía decidieron que sería una idea de putísima madre hacer que los másteres fuesen cosa también de la gente de la clase media e incluso clase media-baja. El truco es fácil: bajamos los precios, los vendemos como imprescindibles para la continuidad de formación del currículo y tendremos a todos los licenciados y diplomados sacándose másters a cascoporro. Y así fue. 
Cuando terminé mi carrera (carrera que amo enormemente a pesar de ser crítico con ella) acabé yo mismo haciendo un máster de esos estúpidos, casi obligado, casi porque mi madre y mi hermano me miraban preocupados como diciendo que sin eso no sería nada. Así que hice un máster asequible, no eran de estos de 30 y 40 mil euros, los de toda la vida, los que realmente te colocaban, sino uno de dos mil euros con la empresa en auge de turnos(Emagister quizás?) sobre una temática tan sumamente atractiva y relacionada con mi carrera como es la Prevención de Riesgos Laborales...Qué cosa más sumamente fea (aunque de todo se aprende). Yo sí tuve que estudiar, y hacer un trabajo. Aunque tampoco fue una cosa que me matara. 
La cuestión es que aquello era el inicio(año 2006) y desde entonces hasta ahora, por suerte me desligué de ese mundo, por lo que me llega, la cosa se ha acelerado a ritmos estratosféricos. 
La universidad convertida en negocio. En el negocio más rentable jamás imaginado, a cambio de violar algunos de los principios que a priori a todos nos parecían más inviolables: el de la igualdad de oportunidades y para todos, y el de la pasión por el conocimiento; por aprender!!!
Y hordas de jóvenes empezaron a perseguir la zanahoria, al tiempo que se precarizaba el trabajo y además, como traca final, conseguir que se sintieran responsables de su situación precaria, porque claro, siempre podrían formarse más. O mejor dicho, adquirir más títulos.Qué sumamente cruel y despiadado es este mundo neoliberal!!!

Y ahora, pues empezamos a ver cómo todos plagian. Claro que plagian. Porque esas mierdas no formativas se plagian. Que se plagie, me parece vergonzante, aunque en dicho contexto se pueda entender mejor. Mucho más intolerable es el trato de favor según quién seas. En cualquier caso, estos casos, deberían invitarnos a reflexionar, una vez más, en la mierda de sociedad falsa y ficticia que en nombre de la apariencia, se carga lo mejor que construimos durante milenios. 
Si los antiguos pensadores griegos levantaran la cabeza...

martes, 28 de agosto de 2018

Sonidos que se apagan



Que los cetáceos son la hostia no es algo que deba sorprender a nadie a estas alturas. Con sus dotes de elegancia, simpatía, inteligencia y misterio surcan todos los mares, a veces como escondiéndose, otras como queriendo saludar o decirnos: "eyyy, parad ya". Bastante sabemos de los más conocidos, aunque otros nos resultan absolutamente enigmáticos, cuando no, directamente, desconocemos su existencia. Eso pasa, por ejemplo, con los delfines de río. Algunos piensan que se alejaron de la competencia en los mares y encontraron otros medios libres de grandes depredadores. Y así nos encontramos con el delfín del Ganges, tal vez el más conocido de los de esta superfamilia.  Allí, en ríos y estuarios, con los sedimentos que se arrastran apenas veían nada y terminó por atrofiarse su vista e hiperdesarrollarse el oído, así emitían ruidos que, por ecolocalización les ayudaba a desplazarse. Como su propio nombre indica, esto es una especie de sentido que actúa mediante el eco, como un sónar. Emiten sonidos de determinadas frecuencias que son devueltos al chocar con otros objetos y de este modo van reconstruyendo el mundo que les rodea sin necesidad de verlo. Más conocido en los murciélagos, se encuentra del mismo modo en otros cetáceos, pero mucho más desarrollados en los platanistoideos (delfines de río)
Una de estas especies era el Baijí(Lipotes vexillifer) de China. Vivió feliz por los cursos medio y bajo del gran río Yangtsé, pero por este río ascienden al interior del país todo tipo de buques, cargueros y demás grandes barcos a motor, la discoteca por debajo de la superficie que suponen tantos ruidos no debía ayudar demasiado a las labores cotidianas del Baijí, por no hablar de la contaminación, la pérdida de sus presas naturales, sus propias captras o los golpes recibidos por las embarcaciones Así, nos hablaba Miguel Delibes de Castro, el prestigioso naturalista y divulgador científico hijo del celebérrimo escritor, en su libro la Naturaleza en Peligro del año 2000, cómo las autoridades chinas estimaban en menos de 100 individuos por aquel entonces a la especie, mientras que otros autores ponían la cifra muy por debajo. Así, el autor entendía que con esas cifras y semejante deterioro de su hábitat natural, difícil, muy difícil, tendría la especie eso de no extinguirse, más aún teniendo en cuenta la construcción de lo que es a día de hoy la presa más grande del planeta y que afectaba directamente al entorno de este delfín, la Presa de las Tres Gargantas.
Tras leer esto, no pude evitar meterme en Google y teclear su nombre, temiéndome lo peor. Efectivamente, las consideraciones con aquellas cifras de Delibes no iban mal encaminadas y en el 2006 tras una exploración buscando algún ejemplar se dio por primera vez a la especie por extinta. Poco después se atisbó uno, y de nuevo en el 2008 tuvieron que darlo por perdido. Perdido para siempre. Nunca más volveremos a ver a este delfín usando sus chasquidos para ubicarse, cazar, buscar reproducirse o sortear obstáculos. Contar la historia del Baijí es contar la historia de cientos y miles de especies que continuamente desaparecen para siempre, cierto es que cuanto más grande  y emparentada con nosotros más nos impacta o “preocupa”, pero ya se sabe estos 7600 millones de personas que somos hoy en el planeta y el estilo de vida que seguimos empeñados en mantener, seguirá cercando a tantas y tantas especies que necesitan unas determinadas condiciones para poder sobrevivir. Las matemáticas son simples, no hay espacio para todos, y nosotros queremos todo el espacio. Siempre nos quedarán las historias, las fotos o los vídeos del youtube… Triste historia la nuestra, viendo escuchar estos sonidas que se apagan


lunes, 30 de julio de 2018

Un dios maldijo la vida del emigrante...


Descubrimos la tierra prometida, y decidimos repartírnosla. Tampoco nos planteamos en ningún momento eso de contar con ellos, se nos antojaban demasiado parecidos a las bestias como para tales menesteres; así que en proceso de franca expansión llenamos barcos con ellos (los más fuertes, claro) y llenamos otro continente, al tiempo que, casi sin querer, íbamos haciéndonos con los recursos del primero. Toda Europa jugó bien sus cartas y decidimos llevarnos muy bien a la hora de repartirnos el pastel, hasta una conferencia nos marcamos a finales del XIX pá inventarnos fronteras y ver qué parte del pastel tocaba a cada cual. Así nos fuimos quedando con sus diamantes, su oro, su coltán, su café, su biodiversidad, sus tierras…E incluso pusimos blancos donde solo había negros, y aunque siguiesen siendo mayoría, nos la apañamos para que se sintieran como una gran minoría marginal.
Fuimos haciéndonos cada vez más rico, manipulamos sus gobiernos y sembramos caos al caos. Aquello se convirtió en un hervidero. Algo en lo que nadie querría vivir por más bello que fuese. El caos, la corrupción y el expolio, traen hambre, guerras, enfermedades y violencia. Pero, ¿quién no quiere vivir en su tierra? Algunos no, por supuesto. Y abandonan sus casas, su tierra, cuando no sus hijos, su familia. Cruzan países, cruzan desiertos, se les esclaviza…Se les engaña y caen en bancarrota. Ven morir a los suyos o directamente mueren ellos. Pero el problema lo tienes tú. El problema es tuyo porque van a quitarte las ayudas.

Los que hemos estudiado cosas de medioambiente, desde el momento que lo hicimos, tal vez el aumento exponencial de la población y el incremento de la desigualdad de la riqueza a nivel mundial son dos de las cosas que más nos impactaron y que, de un modo u otro, más acaban condicionando tu forma de entender el mundo. Resulta que sí, que hace 100 años no éramos ni 2000 millones de habitantes en este planeta; hoy ya hemos superado los 7.000 millones(7600 millones)  y se calcula que dicho crecimiento exponencial seguirá al menos hasta el año 2050 que nos aproximemos a los 10.000 millones de habitantes. Muchos expertos parecen coincidir en que a partir de esos números comenzará a producirse el punto de inflexión, dejaremos de aumentar, y uno prefiere no preguntarse a estas horas por qué. Este crecimiento ligado a la desigualdad en el reparto de la riqueza, al incremento de los problemas medioambientales (destrucción de hábitats, desertización,  contaminación o cambio climático) o a otros tantos factores como la globalización mundial como consecuencia por ejemplo de la revolución tecnológica, hacen que los movimientos migratorios sean inevitables. Además, tampoco son de ayer, y más que previsiblemente no hagan más que aumentar. Por tanto, sí, podemos coincidir en que hay un problema con el asunto de las migraciones. Hay un problema, para empezar porque se están ahogando en el mar. Hay un problema porque el tratamiento que buena parte de la sociedad (y en aumento) hace sobre el tema vislumbra marcados tintes racistas, carencia de empatía y es fácil temer qué cosas feas pueden derivar de esto, más si echamos un ojo no muy atrás en la historia.
Hay quien se aprovecha de este contexto y trata de sacar rédito político. EL odio, que emana de lo desconocido, de la ignorancia, que se alimenta con el miedo, es un mecanismo de defensa, un grito, un ladrido, un rebuzno de quien no sabe qué está pasando realmente. De quien no sabe bucear para entender la complejidad de las cosas y busca explicaciones sencillas, dicotomizar en un sí o un no, en un malo o bueno. Y nada avanzamos. ..
…retrocedemos.

Lo que no es desconocido debe ser la causa de todos nuestros males, y el temor, el miedo y la ignorancia nos hacen creer la propaganda de quien dice que vienen enfermos y nos contagiaremos…el Ébola!!!! Ay, el ébola!!!! Aunque nadie conozca a nadie que se haya contagiado ni de ébola, ni de sarna, ni de tubercolisis o de sida. Da igual. El miedo opera: sálvese quién pueda!!!
Y hacemos pública nuestra ignorancia vía redes sociales. Las ayudas!!! Que nos quitan las ayudas!!! Y no hay otro himno que cantar!!! Aquellos a los que nunca se les oyó quejarse por el dinero perdido por la corrupción, por las SICAVs, por las amnistías fiscales, por las evasiones fiscales, por la crisis generada por los de alto capital,  y no por los negros, y no por los moros… Nunca los oímos quejarse de tanta injusticia, pero parecen perder el sueño porque un inmigrante les quitará las ayuda  y se colará delante de ellos en el médico. Da igual que las cifras oficiales hablen y le comenten que el inmigrante gasta del orden de cuatro veces menos en seguridad social que el de aquí. Da igual, porque la moral del esclavo invita a odiar al igual, pero que está un poquito peor.

Y nadie se plantea que para este problema todos debemos de poner de nuestra parte y que si queremos ver a menos inmigrantes en nuestra frontera más nos vale empezar a cooperar de verdad con los países de origen, apostando por educación, por fomentar el trabajo regional o sencillamente dejar de externalizar costes y así, de algún modo, como por arte de magia, el expolio secular al que los tenemos sometidos les devuelva algo de lo que es suyo; o bien que la comunidad internacional no mire para otro lado ante determinadas prácticas de ciertos gobiernos de origen; o bien comenzar a exigir a las grandes multinacionales ciertas responsabilidades que muy a menudo no toman. Quizás, ahí, empecemos a encontrar algunas raíces que expliquen las causas de la migración y, por ende sus soluciones. Pero esto está claro que es mucho más complejo y algunos preferirían apostar por los nidos de ametralladoras cerca de las fronteras, o por vallas electrificadas como, de hecho, ya se está pudiendo leer.

Para colmo, igual ni nos viene tan mal el hecho de la inmigración, y es que desde hace décadas nuestros países desarrollados van experimentando un fuerte descenso en el número de hijos por mujer que, irremediablemente, acabará conllevando a un fuerte envejecimiento de la población, con los consecuentes problemas derivados de pagar las pensiones a una población de jubilados  empeñados en vivir más creciente. Pocas soluciones más rápidas que aportar a nuevos ciudadanos de afuera. Tú necesitas un lugar, nosotros necesitamos gente!!!! Pero no, no parece tan sencillo. Y es que al fin y al cabo son negros, huelen mal, y en el vídeo que me pasaron el otro día vi cómo se mataban entre ellos…mira lo que viene!!! Y es que en este país, como me decía un amigo el otro día, cuando vemos a una persona procedente del África subsahariana nos falta pararnos en mitad de la calle, señalarlo con el dedo y gritar: MIRA UN NEGRO!!!  Así está el panorama, y no parecen que los datos o estas líneas vayan a hacerlos cambiar de opinión, entre otras cosas porque son demasiadas palabras para que uno de esos que tanto abominan de la inmigración puedan llegar a leer; y es que tantos años de sálvames, HMyV, supervivientes, firstdates, fútbol y demás mierda, no podían caer en saco roto… tenía que tener sus consecuencias. Sálvese quien pueda!!! Vayan buscándome un pisito en Marte!!!!

lunes, 14 de mayo de 2018

Que el miedo no gane la partida


Nuevamente nos golpean dos noticias relacionadas con el narcotráfico, una que nos saca los colores y evidencia en qué nos estamos convirtiendo. La otra, la de hoy, nos desgarra el corazón, nos paraliza y nos hace gritar Basta Ya!!! 
Los que somos de aquí somos plenamente conscientes de cuál es la situación y al mismo tiempo nos molesta en muchas ocasiones que desde los medios solo nos miren para lo mismo, pero en el fondo, entendemos que resulta difícil que sea de otra forma. Entre los algecireños(y los habitantes del Campo de Gibraltar en general) se viene comentando que esto se nos está yendo de las manos. Guardias Civiles y Policía Nacional claman que necesitan más medios y el ministro del interior regatea y sale por la tangente con declaraciones con las que el resto de los mortales no entendemos cómo no se le cae la cara de vergüenza. Desde dentro, nuestro alcalde sigue a lo suyo: legión, fotos, más fotos, cofradías y un séquito de imagen y comunicación, de fotógrafos y maquilladores a cada acto que asiste para quedar bien guapo en la foto. Sabe nuestro señor alcalde que eso le vale, y no mueve un puto dedo. No mueve un dedo, no le importa su ciudad que se desangra, porque quizás no la sienta suya. Hace falta mano dura, sí. Hace falta mano dura, por supuesto. Hace falta mano dura porque los narcos se han hecho con el poder y se saben impunes y esto, es realmente peligroso. Pero no solo la mano dura va a salvar esta situación. A largo plazo, como cualquier cosa, y especialmente si es un problema de gran complejidad, la educación tendrá la respuesta. La educación en mayúsculas, una educación  que inunde la ciudad y se sepa valedora de sus fortalezas y apueste por ellas. Y levante la cabeza y consiga que se miren los ciudadanos y  sientan que no tienen miedo, porque saben que están unidos y tienen el respaldo del ministerio, pero también de un ayuntamiento que les dé alternativas, que deje de favorecer la guetificación, que tanto parece que le conviene. Tal vez, a nuestro alcalde le convenga porque la marginalidad hace que suba la abstención y la abstención le conviene. No sé, tal vez, solo tal vez. Tal vez le convenga porque el resto del pueblo que ve subir la marginalidad lo único que sabe hacer es incrementar su miedo y, de paso, su odio. Mira hacia otro lado y los quiere lejos.
Pero los reductos marginales, al ser mayoría, se van haciendo fuertes. En una ciudad históricamente ligada al narcotráfico y cuyo paro asciende a pesar de la hipoteca medioambiental y de la salud que empezamos a pagar hace muchos años(y lo que nos queda) como consecuencia del cinturón de fábricas y ese puerto del que tanto sacamos pecho y que muchas veces habría que preguntarse cómo hacer para gestionarlo mejor. En este contexto, crece el narcotráfico, y se hacen fuerte. Van armados, tienen poder, pasta, y mucha ignorancia. Esto no es nuevo, pero cada día se sienten más impunes, y lo saben. En este contexto, poco a poco, cual ocurriera en México por muchos años, crece la narcocultura. Ser narco mola más que ser un capullo empollón, así que si mis padres pueden me compran una camiseta de brillantitos de la marca MyBrand que valga más de cien pavos y que luzca la foto de Pablo Escobar, con brillantitos ilustrándolo como El Patrón. El que no puede compra la imitación. Y así vemos en los pasillos del insituto pasearse entre nosotros a niños de doce años llevando al Chapo, a Toni Montana o a Escobar. Entre tanto, si les pongo música me imploran que por favor sea Bad Bunny cuyo estilismo destila por los cuatro costados narcocultura. Es obvio que esto no es solo un problema exclusivo de nuestra ciudad, en este país se ha importado la narcocultura con la música Trap y el Reguetón procedentes de los países centroamericanos. Pero claro, aquí es más fácil confundir las cosas. Es más fácil que después de suspender 1º, 2º y 3º de la ESO alguien te venga y te diga que te va a dar 5 mil pavos por un trabajillo de nada...y así empieza la rueda. Eso ocurre aquí y en Pekín... y también nos podría llevar a plantearnos lo absurdo que resulta la ilegalización de las drogas, pero eso es otra historia. Ocurre, como decía, en todos lados, pero hay algunos lugares, en los que el número va creciendo y hacen hegemonía cultural. Y en esas estamos. Así que es frecuente verlos en las playas con sus motos de agua y sus lanchas a carajo sacao haciendo que uno se sienta muy vulnerable si quiere, por ejemplo, nadar. Pero nunca pasa nada claro. Se permiten el lujo de hasta echarle huevos a la Guardia Civil, como se vio en la Línea hace un par de años. Los reyes del agua. Pero claro, jugar con fuego es lo que tiene, y al final siempre paga el que menos culpa tiene: un niño de nueve años.
Y tú quieres que desde fuera nadie vea la ciudad como la retratan, porque realmente tú no vives el miedo por las calles a diario, pero sabes que están ahí. Tú lo único que quieres es cada día adentrarte un poco más en cada rincón paradisíaco de su entorno natural del que nadie parece querer hablar. De los que ningún político ha parecido pensar pudiera resultar un buen atractivo, una buena forma de crecimiento a largo plazo. Aprovechar un turismo sostenible basado en nuestra riqueza ecológica, en nuestra posición privilegiada. Pero no, nadie nos conoce por eso. El alcalde no hace absolutamente nada por eso. Ni tampoco por dar alternativas a unos jóvenes que huyen, como hice yo, en cuanto tienen la oportunidad. Algunos tenemos la oportunidad, o la ocurrencia, de volver, pero la mayoría no. Exportamos a los formados, nos quedamos con los narcos...cuya comunidad crece... y el alcalde, venga con el circo, porque pan, lo que se dice pan, poquito. Tampoco sube a Madrid a dar un puñetazo sobre la mesa y a decirle a su compañero de partido, Zoido, que deje de decir gilipolleces y que se tome esto muy en serio. Mucha legión, pero las peticiones de los Guardias Civiles se las pasa por los huevos...y suma...y sigue.
Pero no nos resignamos. Toca mover ficha. Toca empezar a creer en nuestra ciudad. Y a no tener miedo. Toca no dejar que al miedo, justo ahora, les dé por ganarnos la partida.
Ni un paso atrás

jueves, 5 de abril de 2018

Las series de Telemadrid


La señora Cifuentes, gracias a la información que nos ofrece eldiario.es,nos regala la serie del momento: "El Caso del Master de Cifuentes". Una serie que tiene casi todos los ingredientes, como buena serie que se precie en estos tiempos postmodernos. Con visos claros de tragicomedia, presenta al mismo tiempo fuertes dosis de surrealismo que producen las mismas ganas de reír que de llorar... según el estado de ánimo del momento del receptor. Pero también tiene mucho de thriller policíaco de los buenos. Típica serie de abogados en las que las pruebas van acorralando a una presa cuya huida parece imposible para que, en un giro final de los acontecimientos y del modo más inverosímil posible, lo consiga. Por lo que este serial recuerda mucho a las series más fantásticas, de acción y ciencia-ficción. Y es que, el caso Cifuentes, como la baby Feber, lo tiene todo,todo,todo... y mira que ella siempre quiso ser más como una Barby.
En fin, que si analizamos la parte cómica de este caso, tenemos para reírnos un largo rato, sin embargo, a veces, mal que nos pese, tenemos que ponernos serios y darnos cuenta de la gravedad de la situación, situación que, como en tantas ocasiones, parece traérsela al fresco a buena parte de la opinión pública de nuestro país que, a lo sumo, acierta a musitar un: "bueno, y si fuera verdad, tampoco es para tanto"...y pasamos a la chilena de Cristiano o, mucho mejor, las historias de Puigdemont (esa serie dio pá mucho pero los últimos episodios resultan un tanto aburridos). Así que, eso es lo que parece, que no es para tanto. No es para tanto demostrar que, para una vez que la derecha oligárquica de nuestro país se acuerda de la educación pública sea para beneficiarse de ella, usando sus influencias, para desprestigiarla un poco más. Que la universidad pública tiene lo suyo, no voy a decir yo que no; y es que, los que la hemos conocido un poquillo, aunque sea de oídas, hemos presenciado varios capítulos que destilaban un tufo a corrupción de la buena, solo que a pequeña escala que era en la que se movía aquel profesor con sus chanchullos y chantajes a becarios. Pero claro, si damos el salto y nos codeamos con las altas esferas todo es política...y en la base, los estudiantes que pagan matrículas (cada día más caras y con menos recursos para afrontarlas) que se labran un futuro en una sociedad del bienestar que se da golpes de pecho diciendo que todos tenemos el mismo número de oportunidades.
Eso es la uni, una potra malcriada cabalgada por una derecha, vestidos de clase obrera, mientras fraguan sus raíces en el elitismo clasista de las privadas. Caballos de Troya que nos han hecho mil agujeros, y sangramos mientras se ríen de nosotros y creemos que la cosa da para hacer memes y recuperar conversaciones políticas en la sobremesa que recuperen, a lo sumo, la indignación que la rutina se encarga de aplastar contra el olvido. Y en esas vamos y venimos, siendo dóciles corderos que a veces nos engañamos, creyendo creer que tenemos algo que decir, aunque se rían de nosotros, una vez más, en nuestra puta cara.

lunes, 22 de enero de 2018

Viva el Vino!!!!



Como a Jose María Aznar nadie le debía decir cuántas copas tenía que beber o dejar de beber, Rajoy decidió apoyarlo gritando aquello de: “Viva el Vino” así que, por una vez, me tocó estar de acuerdo con el candidato Mariano. Y mira que algunos años  atrás no cambiaba una litrona de Alhambra por un Marqués de Cáceres de Reserva, menos mal que pronto los sabios de la familia, que son aquellos sibaritas que, por su edad, gozaron de manjares que aún te resultaban ajenos, decidieron una buena noche de Nochebuena mostrar los placeres de combinar exquisiteces: “toma, dale un bocaito pequeño a este queso de primera, ahora saborea este sorbo de vino. Retenlo en la boca. Vuelve a tomar queso, vuelve a tomar vino…” y así, poco tardé en darme cuenta de que eso de la uva pisada, así sola, que no mezclada con la fanta y la coca cola, también tenían su punto; de hecho, su puntazo. Acepté aquella señal como rasgo inequívoco de que me iba haciendo mayor. El calimotxo que nos quisieron vender los amigos de la capital y más al norte fue desenmascarado; la estafa quedó patente y nos prometimos disfrutar de las botellas (siempre medio llenas) de cristal y sin mezclar.

Así el tiempo seguía pasando y poquito a poco siempre que nos era posible compartíamos una botella cuyo precio lentamente, si podía, se iba elevando para , a día de hoy, aún sin saber casi nada, haber saboreado unas cuantas y hablar como si medio entendiéramos. Pero, la etiqueta es algo muy secundario. También lo son si caben, los sabores. Porque realmente la magia del vino está por encima de todo en compartirlo alrededor de una mesa con familia, o con amigos…o con amigos que son familia, o con amigos y familia. O también, porque no, con perfectos desconocidos de esos que pasen a ser amigos. La fórmula da igual, siempre que haya buena gente y buena comida en la mesa. Siempre que se genere esa atmósfera tan especial tan de película. Y así pasó que un día, hace ya muchos días, que ese joven yo que acababa de empezar a apreciar el vino embotellado, fue con su chica y su compañero de piso a una estrellita escondida, pequeñita pero firme, de ese universo que se llamó Granada, para saborear entre risas, buenas charlas, miles de ilusiones de una inocente juventud que creía saberlo todo, sabiendo que no sabía nada. Y así fue como esas tres personas encumbraron al olimpo de los vinos a un tal Don Paulo, cual si fuera un Vega Sicilia. Aquel Don Paulo me dice google hoy, que vale 1,69 en Carrefour, pero a nosotros nos alegró aquella noche, y unas cuantas más después…por aquella atmósfera que vivimos de la cual, si bien el vino no era el artífice, si era el vehículo, el vínculo, el referente, el denominador común quizás. Por eso, tal vez, Rajoy, aquella vez(y solo aquella vez) llevara razón: Viva el Vino!!!