miércoles, 11 de noviembre de 2015

¿¿Pero qué has dicho, Marina??



De vueltas con la educación, una vez más, y sin ser inicio ni final de curso, ni haber casos sonados de maltratos de por medio, sin ni siquiera contar con una de esas declaraciones inflamables de nuestro penúltimo ministro educativo, el incendiario. Sin todo eso, decía, la comunidad educativa vuelve a echar humo. En esta ocasión por las últimas declaraciones, noticias, titulares (o un poco de cada) del aclamado y prestigioso filósofo-pedagogo, José Antonio Marina(en estas últimas semanas en horas bajas). Y es que José Antonio ha venido a meterse, no sé si queriendo o sin querer, en terrenos muy pantanosos. Y yo, lo que quiero con esta entrada, es, como no podía ser de otra manera, dar mi opinión al respecto invitando a la mesura, al espíritu crítico y a la capacidad de diálogo.
Comenzaré diciendo que sí, que el hecho de ponerse del lado del ministerio de Educación del Gobierno del PP a pocas semanas antes de las elecciones, mosquea. Sí, reconoceré que ampliar el foco en temas retributivos relacionados con la “calidad” docente, mosquea aún más. Y si queréis, hasta podré reconocer que el afamado escritor a veces ha coqueteado más de la cuenta para mi gusto con esos términos relacionados con la “excelencia” que personalmente entiendo se alejan de lo que debería ser el concepto ideal de educación. Una educación que tendría que velar más por el desarrollo pleno de las personas, de sus capacidades emocionales, del desarrollo de sus individualidades, de la cooperación, etc., que por el hecho de dirigirse a preparar a “perfectos” trabajadores del futuro…pero eso, en el día de hoy, es otra historia.
Dicho todo esto, creo que Marina ha demostrado con creces en las últimas décadas ser uno de los referentes educativos más insignes de nuestro país. Creo que esto se comprueba rápidamente echando un vistazo a algunos de los innumerables artículos que tiene por la red, o acudiendo a alguna de las plataformas que lleva fomentando desde hace años, como la Universidad de Padres, donde construye educación de forma interactiva y contando con padres, docentes y la comunidad entera, porque como bien suele repetir: “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Amante de figuras de primer nivel mundial en aspectos pedagógicamente revolucionarios como Ken Robinson, Marina demuestra una vez  sí, y la otra también, que sabe perfectamente de lo que habla. Por otro lado, ha apoyado firmemente asignaturas como la Educación para la Ciudadanía y ha criticado ferozmente la labor de Wert, así como su ley. Por tanto, no estamos ante un ignorante de la materia. No estamos, como en otros casos, ante un político que mira exclusivamente por el interés personal y/o del partido. Aún así, contemplemos que pudiera ser que sí, que aprovecha su conocimiento para lucrarse (cosa que dudo) pero como quiera que sea, lo que pretendo dejar claro es que es una persona con suficiente recorrido, formación y trayectoria como para hablar con autoridad sobre el tema.
 ¿Y qué es lo que pasa? Lo que pasa es que ahora que el ministro le pide que elabore un libro Blanco, los medios le ponen las alcachofas por delante y él habla. Y habla sobre muchas cosas. Muchísimas cosas. Y muchísimas de ellas (por no decir la gran mayoría) tremendamente interesantes, pero claro, habla de sueldos, de profesores, de evaluaciones y la prensa se preocupa de sacar el titular y los consumidores de noticias de devorar titulares y envenenarse. Tal vez estos, tendrían que llamarse consumidores de titulares, más que de noticias. Podría decirse que se junta el hambre con las ganas de comer. La prensa hace de forma engañosa su trabajo. De forma sensacionalista, sesgada y poco veraz, echando a conciencia carroña, sabiendo perfectamente que los devoradores agitarán las alas, graznarán y todo correrá como la pólvora por las redes que, a fin de cuentas, es lo que los enriquece. Dicho esto, no me pondré demasiado digno, pues admito que tal vez también yo he consumido muchas veces carroña y me he querido envenar. Pero ya va tocando decir basta. Ya va tocando contrastar, macerar, madurar las ideas antes de hablar por hablar. Ya va tocando hablar con conocimiento de causa, aunque solo sea un poquito.
Y dicho esto, ¿es tan malo que los profesores cobren según sus capacidades? Pues no lo sé. En ciertos aspectos veo cierta coherencia. En otros aspectos me asusta, sabiendo cómo se las gasta el personal. ¿Quién y qué se evalúa? No me entusiasma, sin duda, convertir los centros educativos en una suerte de grandes empresas donde la competitividad entre compañeros sea uno de los factores dominantes. Me repugna pensar que alguien pretende dar a entender que el problema principal de la educación  va de “malos profesores”. Pero es que no es de eso de lo que habla Marina. Y, por otro lado, admitámoslo, no todos son tan buenos. Ni dentro de los buenos, todos igual de bueno. Pero, más allá de esto, una cosa incuestionable de las que ha señalado Marina es que los profesores somos autodidactas. Aprendemos solos, sin ver a los compañeros, sin haber recibido formación en las universidades (me refiero a los de instituto en este caso),  sin recibir una formación seria tras comenzar a ejercer nuestra profesión y, a pesar de todo, no queremos ni oír hablar de que alguien se pueda meter en el aula a ver cómo lo hacemos.  Admitámoslo, a muchos les acojona que eso ocurra y, si eso es así, es porque no están absolutamente seguros de que desempeñen su labor perfectamente. ¿Pasa la solución porque unos cobren más y otros menos? Personalmente, no creo en eso. Pero de lo que se trata, y he aquí el error de todo el asunto, es de que lo que está haciendo Marina no va de eso. Marina está planteando un libro Blanco elaborado entre todos aquellos que quieran participar y ha puesto como condición que tendrá que haber un gran pacto de Estado tras las elecciones, y que habría que cambiar la ley (esta vez para siempre, o algo parecido) que se adecúe a dicho pacto. Y éste, y no ningún otro, es el camino que debe, de una vez por toda, tomar la educación de nuestro país. Entonces habrá que sentarse y hablar y ponerse de acuerdo y anotar y borrar y pelearse y volver a hacerlo todo para, finalmente, llegar a buen puerto.
Ok. Ok, ok. Soy consciente. Y lo estás pensando. Soy un ingenuo…

 …pero, ¿Soy un ingenuo? ¿El ingenuo es Marina? ¿O tal vez vamos a poner la vista, de una vez por todas, en esa dirección? Solo el tiempo lo dirá, pero mientras la política siga llevando la voz cantante en materia educativa, al resto de la sociedad y, muy especialmente a todos y todas aquellos que creemos firmemente en la educación como base indiscutible para construir un mundo mejor, no nos queda otra que seguir intentando convertir esto en una realidad y para ello poco debe importar, así sea el mismo diablo el presidente del Gobierno.

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