domingo, 15 de marzo de 2026

SIRAT. Trance en el desierto

 



Ayer, por fin, vi Sirat, justo a las vísperas de su paso por la alfombra roja más preciada de este mundo, tantas veces tan pomposo, del universo del cine. Su director, crucificado y encantado de haberse conocido a partes iguales, dice que está tranquilo que da por hecho que no ganará, como sin querer, dando a entender que su cinta es demasiado rompedora para ser la elegida.

 De este chico alto, joven, guapo y polémico vengo sabiendo desde hace algún mes, como casi cualquier mortal de nuestro país que abra las noticias con cierta regularidad y es que, el bueno de Laxe, lleva en el candelero a cuenta de su película desde casi antes de su estreno. Esto, siempre consigue su objetivo, que no es otro que crear expectativas. Así que, ayer por fin, la vi. No quise saber mucho antes, más allá de que si las escenas de la Rave eran reales (los figurantes), o que era un padre que iba a buscar a una hija “perdida” o que tenía algún giro de guion de los bestias o que no dejaba indiferente a nadie, pá lo bueno o pá lo malo. Y dicho todo esto, no me cabe más, así a bote pronto, que corroborar las cosas oídas. Inteligente fui al no querer acercarme demasiado y salir mal parado con spoilers no pretendidos. Y ahora que yo puedo ser el spoileador aviso de que mejor será que te andes con ojo al seguir leyendo si aun no la has visto si no quieres ser tú ahora el damnificado.

Lo cierto es que, esta gran favorita, nominada a los Óscar (eso ya tiene su mérito) se comió un mojón muy grande frente a los Domingos de Alauda Ruíz, película que, tras ser la elegida, decidimos verla en primer lugar. No es mala película. Invita a la reflexión, pero tampoco estuvo exenta de crítica. No me disgustó, nada más lejos, pero lo cierto es que, no deja de ser una película más. De esas que tan bien sabemos cuidar en nuestro cine, tan a menudo vilipendiado. Pero, si toca comparar, creo que Sirat está absolutamente en otro plano. Creo que la película de Oliver Laxe está llamada a ser un clásico. Nadie hablará de Los Domingos como película de culto dentro de 20 años, y por supuesto, sí se hará con Sirat y eso, de entrada, ya me parece suficientemente relevante como para haber sido ella la que levantara los grandes cabezones. Pero eso da igual, los premios, premios son. Sin embargo, me atrevo a decir, que la crudeza desgarradora explícita de esta película ha tenido mucho que ver en que esto no ocurriera. En otras palabras, que puede que los señores académicos se hayan cagado, porque, al fin y al cabo, esto es un negocio y hay que vender.

Y puede que venda regular una multitud de europeos amantes de la música electrónica, perdidos en el desierto, de drogas hasta arriba, mientras un padre se pasea con su hijo en busca de su hija, supuestamente ravera y “perdida” desde hace años. De entrada, el planteamiento es original. Por otro lado, existen una serie de elementos difícilmente explicables que dejan al espectador con una serie de dudas respecto a la verosimilitud de la propuesta y en estas, andan, al parecer, las críticas más feroces. Pero ya sabéis, puestos a criticar, se critica lo que haga falta y más, así que le añadimos falta de compromiso político con respecto a la situación sufrida por el Sáhara. No seré yo quien diga lo contrario, aunque, sin embargo, molesta también que tantas veces se quieran mezclar churras con merinas o; por otro lado, que no se entienda que una crítica pudiera ser mucho más implícita.

El caso es que, sin ganas de reventar la película, diré que no deja indiferente que es valiente y de una fuerza audiovisual atroz. Crea tal estupefacción que durante mucho rato no sabes realmente qué opinas de ella. Pero lo cierto, es que no perderé la apuesta si opino que trascenderá en el tiempo.

Sirat significa "camino", "sendero" o "vía", y se refiere específicamente en la tradición islámica al puente, más delgado que un cabello y más afilado que una espada, que cruza sobre el infierno y conduce al paraíso, representando un viaje de prueba, dolor y purificación espiritual. Con esta definición arranca el largometraje del gallego y no la puede definir mejor. Sirat es la vida. Se quiera ver o no. Pero si somos más de vídeos de TikTok y productos prefabricados que nos llevan conduciendo desde hace demasiadas décadas a una vida robada de consumo y superficialidad puede que esta película no sea para ti.

 

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