Ayer, por fin, vi Sirat, justo a
las vísperas de su paso por la alfombra roja más preciada de este mundo, tantas
veces tan pomposo, del universo del cine. Su director, crucificado y encantado
de haberse conocido a partes iguales, dice que está tranquilo que da por hecho
que no ganará, como sin querer, dando a entender que su cinta es demasiado
rompedora para ser la elegida.
De este chico alto, joven, guapo y polémico
vengo sabiendo desde hace algún mes, como casi cualquier mortal de nuestro país
que abra las noticias con cierta regularidad y es que, el bueno de Laxe, lleva
en el candelero a cuenta de su película desde casi antes de su estreno. Esto, siempre
consigue su objetivo, que no es otro que crear expectativas. Así que, ayer por
fin, la vi. No quise saber mucho antes, más allá de que si las escenas de la
Rave eran reales (los figurantes), o que era un padre que iba a buscar a una
hija “perdida” o que tenía algún giro de guion de los bestias o que no dejaba
indiferente a nadie, pá lo bueno o pá lo malo. Y dicho todo esto, no me cabe
más, así a bote pronto, que corroborar las cosas oídas. Inteligente fui al no
querer acercarme demasiado y salir mal parado con spoilers no pretendidos. Y
ahora que yo puedo ser el spoileador aviso de que mejor será que te andes con
ojo al seguir leyendo si aun no la has visto si no quieres ser tú ahora el damnificado.
Lo cierto es que, esta gran
favorita, nominada a los Óscar (eso ya tiene su mérito) se comió un mojón muy
grande frente a los Domingos de Alauda Ruíz, película que, tras ser la elegida,
decidimos verla en primer lugar. No es mala película. Invita a la reflexión,
pero tampoco estuvo exenta de crítica. No me disgustó, nada más lejos, pero lo
cierto es que, no deja de ser una película más. De esas que tan bien sabemos
cuidar en nuestro cine, tan a menudo vilipendiado. Pero, si toca comparar, creo
que Sirat está absolutamente en otro plano. Creo que la película de Oliver Laxe
está llamada a ser un clásico. Nadie hablará de Los Domingos como película de
culto dentro de 20 años, y por supuesto, sí se hará con Sirat y eso, de entrada,
ya me parece suficientemente relevante como para haber sido ella la que levantara
los grandes cabezones. Pero eso da igual, los premios, premios son. Sin
embargo, me atrevo a decir, que la crudeza desgarradora explícita de esta
película ha tenido mucho que ver en que esto no ocurriera. En otras palabras,
que puede que los señores académicos se hayan cagado, porque, al fin y al cabo,
esto es un negocio y hay que vender.
Y puede que venda regular una
multitud de europeos amantes de la música electrónica, perdidos en el desierto,
de drogas hasta arriba, mientras un padre se pasea con su hijo en busca de su
hija, supuestamente ravera y “perdida” desde hace años. De entrada, el planteamiento
es original. Por otro lado, existen una serie de elementos difícilmente explicables
que dejan al espectador con una serie de dudas respecto a la verosimilitud de la
propuesta y en estas, andan, al parecer, las críticas más feroces. Pero ya
sabéis, puestos a criticar, se critica lo que haga falta y más, así que le
añadimos falta de compromiso político con respecto a la situación sufrida por
el Sáhara. No seré yo quien diga lo contrario, aunque, sin embargo, molesta
también que tantas veces se quieran mezclar churras con merinas o; por otro
lado, que no se entienda que una crítica pudiera ser mucho más implícita.
El caso es que, sin ganas de reventar
la película, diré que no deja indiferente que es valiente y de una fuerza
audiovisual atroz. Crea tal estupefacción que durante mucho rato no sabes
realmente qué opinas de ella. Pero lo cierto, es que no perderé la apuesta si opino
que trascenderá en el tiempo.
Sirat significa "camino",
"sendero" o "vía", y se refiere específicamente en la
tradición islámica al puente, más delgado que un cabello y más afilado que una
espada, que cruza sobre el infierno y conduce al paraíso, representando un
viaje de prueba, dolor y purificación espiritual. Con esta definición arranca el
largometraje del gallego y no la puede definir mejor. Sirat es la vida. Se
quiera ver o no. Pero si somos más de vídeos de TikTok y productos
prefabricados que nos llevan conduciendo desde hace demasiadas décadas a una
vida robada de consumo y superficialidad puede que esta película no sea para
ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario