Hace una semana comía de viernes con los compis del insti y no pasó mucho tiempo antes de que alguien mencionara ese término, oído por primera vez para mí ante la sorpresa de mis compañeros ya que, pareciera que, desde hacía al menos dos días atrás, debía ser algo conocido por todo ser humano. Me explicaron que era la última moda y que las nuevas generaciones ahora se sienten perros y cosas de esas. Me sorprendió que todos lo vendieran como si fuese algo de lo más normal cuando a nadie nunca antes vi pronunciar tal cosa, ni en persona, ni por redes, vídeo viral siquiera.
A lo largo del fin de semana ya me
llegaron vídeos de supuestas personas perras (aunque convendría destacar que de
esas sí que conocía yo ya antes a muchas) que se comportaban como tal en un
taxi. Y así el lunes los alumnos sacan el tema, y efectivamente se corrobora
que es la moda. Por doquier, cualquiera habla de lo mismo y ya comienzan a
contar casos de gente que hizo tal o cual cosa. En fin, de repente, todos comenzamos
a pensar lo mal que está la sociedad para que los nuevos jóvenes se sientan
perros (o jirafas, o vete tú a saber qué). Y claro, muchos comienzan a
relacionar esto con ese cada vez más crecido discurso anti-woke. Donde los Woke
son (o somos) aquellos progres que te dicen cómo tienes que pensar y según el
cual al final, estamos construyendo a una suerte de hombre blandengue, que
diría aquel, y ya, de paso, pues que esto, antes, con Franco, no pasaba y que
si qué necesidad había de que Will de Stranger Things dijera que era gay, llegó
a decir el mismísimo Elon Musk. Así que sí, parece que crece con fuerza un
discurso antiwoke, antiprogre o, si se prefiere, anti fomento de la diversidad cultural,
sexual, de identidad o cómo se prefiera llamar. Y esto, pues cala. Cala,
especialmente cuando tiene una intención de que así sea. Cala, cuando es algo
que no crece de la nada.
Entonces, uno, empieza a sumar dos más dos y los cabos se van atando. Resulta
que no es que estos frikies Therian se sientan nada, sino que les gusta jugar a
serlo, disfrazándose, o haciendo el imbécil, que no diré yo lo contrario. Pero
de ahí a lo otro, pues mire ud. No es lo mismo. Y resulta que, ¿cuántos son? ¿Qué
clase de plaga no serán para que todo el mundo hable de repente de esto? Pues
mire ud. No deben ser muchos. Y entonces sí que nos encontramos a una piara de
personas bastante más nutridas que los propios Therian yendo a ver y retratar
para sus redes en la mismísima Puerta del Sol una supuesta concentración de
Therians que no acabó apareciendo. Sí aparecen fotos de estos chicos y chicas
cargados con el móvil, con morbo, intolerancia y odio, a retratar esos
comportamientos aberrantes que jamás debiésemos permitir. Y uno se pregunta,
llegados a este punto, ¿cuál es verdaderamente el comportamiento aberrante? Víctimas
de una manipulación cargamos nuestra frustración contra un colectivo cuasi imaginario
mostrando el mayor de nuestro desprecio, comprando argumentos que, en última
instancia, irán contra lo construido por parte de colectivos como el LGTBI que
tanto ha trabajado desde hace décadas. Y lo que la verdad esconde es más
terrible, posiblemente, porque puede que esa intolerancia ante esas supuestas
conductas, encierre un inconfesable rechazo a otro tipo de identidades más
aceptadas y que a día de hoy no sería socialmente aceptable mostrar
públicamente dicho rechazo.
Sin haber hecho una gran labor
periodística para esta entrada, creo que ha sido en Argentina, a raíz de
protesta contra las políticas de Milei, que se ha comenzado a hablar de este fenómeno
porque cuatro gatos que protestaban lo hicieron contra él disfrazados de gatos,
perros o whatever. Pues se ve, que el señor presidente, ha encontrado con esto
una perfecta cortina de humo y ya está iniciando una auténtica cruzada contra
ellos, prohibiciones mediante. Y, por si no fuese suficientemente ridículo, lo
exportamos y lo copiamos. Porque siempre fuimos expertos en copiar y
gilipolleces.
Y así, cual efecto Pigmalión,
esta sociedad que vive tras la pantalla y que, ciertamente, se encuentra muy
perdida (ojo, la joven y la no tan joven) tendrá a individuos en ella que, de
tanto darle bombo a un fenómeno irreal encontrarán motivos para adherirse a la
causa. Y bajo esta premisa, uno se pregunta si estos futuros gato-perros serán
producto de un discurso Woke o de un discurso de Ultraderecha. En cualquier
caso, a mí dejadme en paz, que cada cual con su vida. Y que dejen de manipular.
Y a los que tanto opinan, sin pararse a pensar por ellos mismos ni un solo
segundito, prueben a hacerlo. Igual no os defrauda. Si es que aún estáis a
tiempo.
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