sábado, 31 de octubre de 2026

Mientras todo se hunde

El trumpismo galopa a sus anchas, a golpe de algoritmo, espoleado por indecentes fortunas que no sé si alguna vez llegamos a ver venir. Lo cierto es que, en un abrir y cerrar de ojos, en el lapso exacto que transcurre entre un clic y otro, lo coparon todo. Lo coparon con sus fake news y cambiaron las reglas del juego mucho antes de que nos diéramos cuenta. Y ahora, ya nada valía desde sus estándares.

 La economía, queridos amigos, no se toca, salvo si por alguna razón hay que rescatarles. Los datos, a pesar de todo, se obcecan en hacerlo todo perverso y, por si acaso, culparemos siempre a los otros. Al pobre, al migrante, al gay, al zurdo, al socialista, al comunista. Cualquier atisbo de alguna persona que quiera poner en duda el dominio silencioso que de ruido todo llena, será tildado de la causa de todos los males que encontramos. Así de perverso, al menos, nos parece a nosotros. A los que ahora, aún siendo muchos todavía, sentimos que ocupamos una triste minoría. A todos los que, aun estando convencidos de que reclamamos un mundo más justo donde quepan más y tenga más futuro, somos tildados de ser los causantes de hacer que este mundo vaya a la deriva.

Y en este lenguaje transcrito por el código binario de sus redes y sus economías, perdemos la batalla día tras día. Bajo el yugo sin control de un poder económico absolutamente desbocado que todo contamina. Vemos sus infames fortunas crecer, superando los presupuestos de Educación o Sanidad de países desarrollados como el nuestro al tiempo que la gran mayoría lo asume sin chistar y comprándoles los discursos de odio que nos venden a través de las pantallas y así, seguimos, matándonos entre nosotros.

Como si de la más terrorífica distopía se tratara, vemos a los creadores de contenido aumentar sus cuotas de seguidores y sus fortunas mientras niegan el cambio climático, al tiempo que, día sí y día también, nos tortura contemplar sus consecuencias. Lo que dicen es doloroso. Pero mucho más doloroso es comprobar cómo son legiones quienes compran y proclaman ese discurso. Y no se trata de cuestiones ideológicas opinables. Se trata de negar la realidad, de negar incluso las evidencias científicas más indiscutibles. «¡Muera la inteligencia!», que gritara aquel. Y así lo copan todo.

Al olimpo de los dioses los elevamos por pegarle a una pelota y se ríen en nuestras caras dando lecciones de todo, e incluso de vida humilde compartiendo fotos comiendo caviar con botellas de 2000 euros. Es todo tan absolutamente obsceno. Pero, mucho peor es que la gran mayoría, la perjudicada, lo compre.

Porque la inseguridad crece en los barrios, supongo. Y así justificamos que venga un Bukele para acabar con los pandilleros. Y sí, cómo negar que es importante. Se fue de madre la cosa, primero en Colombia, luego en México, después en El Salvador, ahora en Haití. Pero nadie, pareciera darse cuenta, que los cárteles son tan fuertes porque es EEUU y Europa las que le hacen el negocio. Esto, tampoco es nuevo. Ya lo reflejó hasta el Padrino, después Traffic. Pero así sigue siendo, y cada vez peor.

Países enteros bajo el yugo del narcotráfico que existe porque los adalides de las libertades y la democracia lo consumen. Y luego, a dar lecciones de moral. Gobiernos decapitados, democracias calcinadas. Pueblos sumidos al descontrol de las bandas. Niñatos absolutamente analfabetos con ametralladoras, dinero y mucha droga. Y así gobiernan en el desgobierno hasta que el pueblo implora que llegue un Bukele. El Bukele te quita los problemas y todos contentos…después llega la segunda parte o la otra cara de la moneda. Ya veremos. Por si acaso, que nadie apunte a la causa real y originaria de todo aquello.

Y así con absolutamente todo. Primero fue África y ya pronto no quedará un rincón del mundo sin exprimir. Es tan voraz este capitalismo que se devora a sí mismo. Y así será, hasta que ya no quede nada.

Y mientras todo se hunde y ellos celebran, algunos tocamos las últimas notas en la cubierta, como si un canto de sirenas pudiese lograr que no nos salgamos del palo mayor, por más que nos aten con cadenas.

No fue nuestra historia una odisea. Fue más bien un robo a mano armada. Nos quitaron una vida con muchas posibilidades. Y esto es así, aunque no se quiera ver. Y demos gracias. Virgencita, virgencita…y así vamos justificando. Pero sospecho, que lo que viene, no será mejor.

Y ya uno no sabe si puede soñar con creer que otro mundo aún puede ser posible

 

 


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